El presidente del TSJA no ha rifado la túnica hasta ahora inconsútil sino que la ha demediado para entregar por mitades el legado de la juez Alaya –es decir, del Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla—a la juez Ana Rosa Curra y al juez Rogelio Reyes. No está mal, desde luego, porque seis meses de parálisis son demasiados meses para un asunto tan grave como el de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas que, en adelante llevará la juez Ana Rosa Curra, reservando para el juez Reyes –que encima es gran bético– el “caso Lopera”. De momento, se acabó el fantasma de Alaya y ello explica el alivio con que en la Junta ha sido acogida la providencia que debió ser tomada mucho antes, más que como se ha hecho, proporcionando a Alaya los jueces de apoyo que exigía el sentido común. En fin, ya veremos, aunque sepamos de sobre que aquí no se da puntada sin hilo.

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