Mientras resonaban incesantes salvas de artillería, miles de ciudadanos han disparado sus armas en Bagdad nada más pitar el árbitro el fin del partido Irak-Arabia Saudí disputado en Yakarta. Chiitas, sunníes y kurdos, irreconciliables en medio de la sangrienta tragedia, han concelebrado la victoria común que da a ese torturado país la Copa de Asia, como lo hacían en lo antiguo eleos, pisanos e hijos de la implacable Esparta al llegar la Olimpiada. Todavía Pausanias vio en el templo de Hera el disco de hierro en el que, con “letras dispuestas, no en línea sino todo alrededor de él”, podía leerse el viejo pacto tripartito aconsejado por el Oráculo y en el que no pocos helenistas han visto un paso decisivo hacia la futura unidad de los helenos, el mismo del que habla Aristóteles si hemos de creer a Plutarco. Es posible que, sin la famosa “tregua olímpica” –aquella “ekechetria” pregonada entre los pueblos por los “espandóforos” o mensajeros de la paz– la historia común del Mediterráneo hubiera sido otra bien distinta a la que conocemos, como es seguro que en el desarrollo de la comunidad griega clásica aquellos armisticios jugaron un papel básico aunque sólo fuera porque estaban abriendo el camino a la conciencia helénica. Lo que no conseguía el sabio ni el oráculo, aquello ante lo que fracasaba el consejo del sabio y la súplica de los indefensos, lo decidía soberanamente  el deporte, la actividad por aquel entonces religiosa que en raras ocasiones fue profanada durante el plazo pactado, en el que portar armas era considerado por la Pitia como la peor herejía. “Hemos alcanzado nuestro sueño. ¡Dios es grande!”, clamaría por la tele un ‘ultrasur’ integrista. “El fútbol ha unido al pueblo iraquí mientras los políticos fracasaban”, decían otras voces. Seguro que Apolo le habrá guiñado un ojo a Alá.

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Cuando hace poco el acontecimiento deportivo internacional convocó en una capital europea a una legión de prostitutas de todo el planeta alguien recordó, tal vez para aplacar la reacción pudibunda registrada, que también en Olimpia (y algo de eso cuenta Epícteto nada menos) se daba cita el puterío internacional al que se le garantizaba la vuelta a casa con el botín de la bacanal esgrimiendo la pena de muerte sobre quienes osaran cuestionarla. Pero por encima de las estrategias políticas que la tregua suponía es absurdo no ver la sanción religiosa, el marchamo de lo sagrado haciendo de salvoconducto de quienes no hacían otra cosa que respetar la voluntad divina, tal vez porque, como advirtiera alguien hace tiempo, el verdadero espíritu deportivo participa inevitablemente del espíritu religioso. Aquel sabio camaleón que fue Drieu La Rochelle creía que, en el deporte, el hombre recupera sus derechos, o lo que viene a ser lo mismo, reconquista la disciplina que es la única libertad placentera que le es dado experimentar en esta vida. Démosle su margen a la metáfora, pero admitamos que no deja de resultar sugestiva semejante tesis a la vista de esas escenas que nos llegan desde Bagdad mostrándonos una ‘peña’ entusiasta en la que se entremezclan los mismos que hasta antier –chiítas, sunníes y kurdos– se han estado persiguiendo y probablemente vuelvan a perseguirse desde pasado mañana. La broma del “Dios redondo” que pacifica como un apolíneo y enloquece como un dionisiaco, ha resultado más cierta que otra cosa a la vista de esas escenas inconcebibles de la reconciliación provisional plasmada en una tregua olímpica que seguramente naufragará en el charco de sangre pero que no deja de ser elocuente. Dios es grande, sin duda, y los políticos tienen mucho que aprender de él en esta liga desconcertante que extrae su capacidad pacificadora precisamente de la rivalidad. El fútbol triunfa allí donde los políticos fracasan. La lección de Bagdad debería propiciar una teología de la pasión que necesariamente iba a encontrar en el balompié su mejor argumento.

17 Comentarios

  1. Don Páter, que sabe cómo le respeto y le profeso el más reverencial afecto, me tildó el otro día nada menos que de ‘exégeta’ del Anfi. Abrumado, dí con la frente en el suelo. Yo me había limitado a reconocerme -en otra encarnación- como señorita banderillera del Diestro que cada día se enfrenta al morlaco. Exageró en su afecto, Reverendo.

    Pero hoy sí que voy a glosar, interpretar es demasié, la galanura, el caudal del Sabio que una y otra vez acude a la vieja y culta Hélade para demostrarnos aquello de ‘nihil novum sub sole’.

    ¡La paz olímpica! Ahí es ná. La ‘ekechetria’ pregonada por los ‘espandóforos’. Aquí tan lejos no tengo mi diccionario escolar de griego y este último término se me resiste. Pero ayer yo comtemplaba aterrado cómo para celebrar una victoria futbolística -menudo gol le mete occidente a esa caterva, aficionándoles a un deporte nacido en la pérfida Albión- los barbudos disparaban sus AK-4 como nuestros niños tiran petardillos por Nochevieja, cuando bien señala el Jefe, durante esa paz eímera ‘…portar armas era considerado por la Pitia como la peor herejía…’, aunque Apolo hubiera de dar muerte previa a la Pitón para apoderarse de su sabiduría y que luego las pitonisas fueran sus portavoces, ‘portavozas’ diría nuestra flamante viscepresidenta del Congreso que como una Yagüe cualquiera se ha enrollado con el ropero que le guardaba las espaldas. Ahora la toqueteará por doquier. (huy, se m’hascapao).

    Lo de que ‘…el verdadero espíritu deportivo participa inevitablemente del espíritu religioso’ lo demuestra ‘ostentóreamente’ ese personaje inadjetivable que es el Accionista Mayoritario, no te j… la perífrasis, de un simpático equipo andaluz, el cual mocito alopécico luce como dos detentes el escudo en oro en la solapa izquierda -cerquita de la cartera- y la efigie del Cisquero en la derecha.

  2. Creer que en Irak el domingo fué una fiesta, es decir amén a todo lo que nos ofrecen las grandes cadenas de comunicación del Gran Hermano.

    Nunca me imaginé que el cretinismo llegara a tanto.

  3. He aprendido un montón leyendo el artículo: no sabia lo de las damas galantes. El detalle de que se les garantizaba “la vuelta a casa con el botín de la bacanal, esgrimiendo la pena de muerte sobre los que osaran cuestionarlas.” me deja más que soñadora. Me parece un detalle magnífico, de una sabiduria profunda y refinadísima, algo que ya me gustaría a mi que supieramos copiar en nuestra civilazación. Imaginen lo de problemas que se habrán evitado muchas familias. Sin contar que todos esos atletas serían buenos mozos, y que si hubiera algún fruto de vuelta serían críos saludables, sin duda de lo mejorcito que hubiere. Todo ello sin entrar en detalles más íntimos, pero no sé, queridas colegas, imaginense ustedes en presencia de uno de esos griegos imponentes, tal como estan retratados en los museos del mundo, y ya es como para morirse….
    Enfin, volviendo al tema, noto otra vez que respetan lo religioso, lo aprecian, creo que aspiran a ello, pero luego no hay religión alguna que guste.Al revés, “Dios es grande” ,pero no existe, creo oirles decir.¿No les parece que hay una pequeña y constante contradicción ? ¿Qué le parece, Pater?

  4. En el último párrafo digo “les” y hablo al nutrido grupo de sabios sin Dios, (Don Pangloss, don Grillo, don Pero y demás familia) pues pienso que hacen suyas la afirmación de don Jose Antonio, de que las Olimpiadas eran algo con un marcado tinte religioso. Don Jose Antonio y compris, natürlich!

  5. Perdón, doña Sicard porque mi último párrafo está escrito en un argot solo para Sevilla y su ámbito. El Real Betis Balompié es uno de los equipos andaluces que gozan de mayor simpatía. De su dueño, accionista mayoritario se hace llamar ahora, corre el rumor de que entre otras artes, se hizo muchimillonario, gracias a los préstamos con usura y otras lindezas parecidas.

    Es un señor escasito, pero escasito de cultura, de apariencia algo risible -no por los dones de que le dotó madre Natura, sino por como él los luce- que quiso parecer un Mecenas redivivo, levantando a un club que sufría horas bajas. De su egolatría podrían escribirse varios tomos. Su parla es un sembrado de expresiones risibles. Cuando pintaron bastos, dejó de ser presidente -algo que le había reportado infinitos orgasmos no eyaculatorios- pero no Dueño de la pasta, el money, el maldito parné, que hace lo imposible porque vuelva a su hucha.

    Tiene un levísimo ornato piloso encima de la frente que èl/le levantan y endurecen con laca de consistencia cuasi metálica. Viste siempre traje de chaqueta y en ambas solapas lleva sendos pins de oro: en la gauche, el escudo del club; en la droîte, una imagen de las más conocidas en la semana santa hispalense. Talla de reconocido valor, el humo de siglos de velas encendidas cerca, había oscurecido el color de su rostro y manos, por lo que sus propios devotos le llamaban ‘el Cisquero’, por los vendedores que antaño iban por las calles con un burrillo vendiendo carbón vegetal y cisco, otra especie de carbón, hecho con ramas y leña menuda.

    En cuanto a su opinión de clasificarme entre los Sindiós, discrepo. Me confieso agnóstico aunque no por pereza ni falta de voluntad -es un asunto al que dedico tiempo y reflexión- y termino llegando a la conclusión de acogerme al sagrado del DRAE.

    Le envío mi más cariñoso saludo.

  6. Gracias por las aclaraciones que me fueron indispensables. Y que coste que lo de “sin dios” va, un poco, en plan humorístico. Con Dios o sin El,es siempre un placer leerle.

  7. Creo que don ja lleva toda la razón al ver ese tinte religioso en las Olimpiadas, un tema que no se discute hace mucho tiempo, pero que no debe hacernos perder la distancia que hay entre la religión de los griegos y, por poner un caso práctico, la mayoritaria entre nosotros. El hombre antiguo vivía como si la existencia estuviera impregnada de sentido trascendental, presentía esa Tracsendencia en cada detalle, no de un modo tan “naturalista” como el hombre llamado “salvaje” (así le llama todavía L-Strauss), pero con fortísima vehemencia.
    Se podrá decir que lo que esto revela es el papel civilizador –y en consecuencia “laico”, dirían estos cerebros membrilláceos– de la Religión, y estaríamos de acuerdo. Ello no quita ni pone en la natiraleza misma del pensamiento y del sentimiento que inervaba aquellas culturas. Las Olimpiadas eran fiestas dedicadas a la divinidad de un modo que tal vez sería inconsecuente imaginar en nuestros actuales prínicpes del deporte. Pero era así porque el pueblo entero (cada cual en su estamento, y cada alma en su almario) experimentaba de esa manera la vida. Yo creo que ja hace muy bien (no se le ha escapado, claro) al subrayar la manifestación religiosa de los hinchas. ¡Claro que Dios es grande para ellos si gana Irak! Como ha explicado don Pero la cosa no es muy distinta, en fin de cuentas, entre lo que ocurre en Irak y lo que ocurre en España.

  8. Creo que lo impoortante (para mí y presumo que para el autor) es el papel de la Olimpiada en el proceso de formacióin del helenismo. Esa tregua no era un mero armisticio entre jugadores, sino la punta de una larga lanza que con el tiempo acabaría ensartando el sentimiento colectivo de pueblos tan distintos y enfrentados.

  9. Gran columna. gm cita a Plutarco o a Pausanias y se queda tan tranquilo porque lo hace llevado de la necesidad de su plan de la columna. Pocos escritores cultos escapan a la pedantería o al exhibicionismo. Este tío tienen el don de la naturalidad que sin duda alguna le proporciona la antigüedad de su trato con la cultura.

  10. ¡Ay, mi doña Sicard, ´incluirme a mí, un teósofo confesado, entre los ateos! Rasgo mis vestiduras por lo que pude haber contribuido al equívoco y cre, además, que el gran interés del artículo de hoy está más todavía que en este aspecto, en lo que se ha apuntado (se me ha adelantado el Prof).

  11. (Me cuentan y no acaban, los apocalípticos, sobre la canícula. Dios los ampare).
    Estupendo el tema, el desarrollo, la “carga de la prueba” erudita. Los propios comenatrios revelan hoy –aunque escasos. ¿por qué?– que ha interesado especialmente. ¿Por qué será que la Religión no deja indiferente a nadie? Que contesten ZP y sus muchachos librepensadores.

  12. Me quedo seco con la imagen de la “peña” de enemigos íntimos. La idea de que el fútbol consiga lo que no consigue la Razón más elemental es grave. Y la de que esos éxitos futboleros dejen en evidencia a los políticos. Asombroso. Al principio creí que la cosa iba de broma del columnista.

  13. Interesante planteamiento, más aún la conclusión. El recurso a los clásicos de gm demuestra muchas cosas (aparte de su aplicación y talento), entre ellas que ni hay nada nuevo bajo el sol ni jamás son iguales las cosas de épocas distintas. Aquella tregua no era esta euforia. El día del partido anterior hubo, de hecho, un terrorista que produji decenas de víctimas entre los hinchas. Es raro que jagm no haya hablaod de eso.

  14. Ya ve que todo pasa y se olvida. Nadie habla ya de lo que ocurrió en este pueblo. Lo que sí hay es un pueblo roto en dos. ¡Tendríamos que ganar una Champions para volver a unir a nuestros vecinos!

  15. No veo que hay de bueno en una tregua que da paso a la guerra cuando termina. Ni en Gracia ni en Irak ni en ninguna parte.

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