Me parece que va a resultar ya difícil arrebatar al soldado Mannign y al debelador Snowden la simpatía no poco generalizada en la opinión más sensibilizada del mundo occidental. No se le oculta a nadie que poner en almoneda los trapos sucios de un Estado implica un riesgo grave especialmente útil para los terroristas y detractores, pero aun así, la idea del espionaje masivo repugna a la inmensa mayoría de esa opinión. Lo de Manning va a crearle a la Justicia (militar) de EEUU un problema de película, pero, al fin y al cabo, ese soldado está ya en prisión militar y van a hacerlo comparecer de uniforme ante el tribunal de milicos. Pero lo de Snowden es más delicado, en la medida en que la astucia china le ha endosado el caso a un país como Rusia que a duras penas podría intentar siquiera esbozar el gesto de país respetuoso con los derechos humanos. A la Rusia de Putin, los chanchullos electorales y las mafias, le queda como único recurso en el teatro internacional defender su propia soberanía, una razón siempre válida pero más propia de países de segundo nivel que de gran potencia, de las que suele esperarse, con razón, una postura firme de defensa de los valores que convencionalmente hemos dado en llamar “universales”. Putin anda preso en la trampa china, con el filtrador en tierra de nadie, y fingiendo que estudia una solución al caso concorde con el derecho internacional. Tiene guasa que hayan de terminar siendo los países bolivarianos, esas nuevas autocracias populistas, las que acaben siendo garantes de la intimidad del mundo libre, pero eso es lo que hay.

Si China espía a los EEUU y éstos hacen lo propio no sólo con China sino con sus mismos ciudadanos y hasta con nosotros, los europeos, no es difícil comprender que nos enfrentamos a un problema nuevo, de índole esencialmente tecnológica al que hay que dar una solución si no queremos que la visionaria distopía de Orwell se convierta en el pan nuestro de cada día. Pocos dudamos en su momento de que el 11-S supondría la entrada en una nueva era en la que el Poder trataría de pertrecharse a costa de lo que fuera. Y así ha resultado ser, a la vista de estas abrumadoras reservas de información ilegítima acumuladas por los Estados. ¡Ya ven lo que puede importarle a la Rusia del polonio en la tetera violar un derecho personal! Pero por encima de ello está la viva protesta que defiende la intimidad. Entregar a Snwoden sería como ponernos a todos un techo de cristal.

6 Comentarios

  1. Difícil cuestión. Me inclino a favor del filtrador pero creo que ese no es el camino. En lo de los rusos, de acuerdo cien por cien.

  2. Los rusos, efectivamente, no están legitimados para exigir derechos humanos. Aunque haya que admitir que las potencias “democráticas” tampoco puedan hablar ya muy fuerte, una vez que hemos sabido lo que vienen haciendo con nuestro derecho a la reservada intimidad. Todo esto acaba en agua de borrajas y el espionaje continuará su camino, cada día con mayor eficacia. Contra la tecnología no hay nada que hacer.

  3. Yo creo que no se debe hablar de trampa rusa porque cualquier país en su lugar hubiera hecho lo mismo. El debate está en el fondo: ¿se puede aventar el secreto de Estado cuando éste traspasa la frontera del derecho del ciudadano?

  4. Jurídicamente ese debate tiene miga, no me gustaría que me hubiera caído en las manos un asunto por el estilo. Hay que defender la integridad de los derechos ciudadanos, sin perder de vista la obligación del Estado de garantizar la seguridad. ¿Difícil? Yo diría que esto no es un problema sino una aporía.

  5. El cinismo como moneda de uso común. Apasionado como soy de Le Carré –me temo que a sus años no publique más– me han pillado ustedes releyendo ‘Nuestro juego’, un enredo de agentes dobles.

    Creo que fue a Churchill a quien le preguntaron por el MI5. ‘¿Qué es el MI5?’ fue su respuesta. Apostaría algo a que el caso Snowden se irá enfriando, los periódicos irán aportando nuevas noticias escandalosas y en poco tiempo se dejará de hablar de él.

    A los altos mansamases les interesan bien poco el derecho a la intimidad y esas fruslerías que a nosotros nos preocupan.

  6. Coincido con lo expuesto en la columna y en los comentarios, y soy igual de escéptico que Ropón, que de estos negocios debe de saber más que nosotros. Personalmente entiendo a Snowdon y al soldado y repudio el cinismo de los Estados/Leviatán, pero temo que la cosa irá a peor con nuevos desarrollos tecnológicos.

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