Contra la velocidad nada mejor que la dilación. Pasito a paso, en una gradación infinitesimal, la tortuga impedirá a Aquiles alcanzar la meta. A la juez sustituta de Mercedes Alaya le llueven críticas desde todos los ángulos porque cada día es más notoria su estrategia deconstructora. No es sólo el PP –hoy con el pie quebrado— el que clama frente a esa maniobra, sino el ciudadano medio que ve cómo se escurren o prescriben las responsabilidades más groseras a medida que la acción judicial arranca uno a uno los granos de la primitiva granada. Despacito y buena letra: no hay mejor recurso ni peor propósito, pero si, al final, la tortuga impone su ritmo, tendremos otro escándalo encima del primitivo. Lo que se juega no es tanto el pleito como la propia Justicia. Y puede que se pierdan los dos.

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