Ahora va a abrirse el plenario sobre el “caso Sanlúcar” (de Barrameda), el famoso sobornazo del que el principal implicado, el alcalde implicado decía no estar dispuesto a “comerse solo el marrón” sino a exigir que se asumiera “a otro nivel”, no sé si se entiende. Desde 1999 han transcurrido seis años, un tiempo perfecto para conseguir la pudrición del interés y el desvaimiento de la memoria, un plazo, como tantos otros, que se cumple cuando ya es inverosímil que la deuda se pague. ¿Quién se acuerda ya del indecente soborno, quien recuerda si las monedas ofrecidas fueron treinta o fueron cien, quién le pone cara a estas alturas al “muñeco diabólico”? Aquel alcalde ha desaparecido, su sucesor ha muerto, de los antagonistas y deuteroagonistas apenas queda una sombra de memoria difusa entre tantos escandalazos como luego ha habido, y al PSOE gaditano le ha dado tiempo de sobra para templar gaitas y hasta para licenciar al gaitero. La justicia tardía no es Justicia, decían los romanos. Muchos delincuentes, incluidos los políticos, viven de esa ventaja.

1 Comentario

  1. Qué quiere, lleva razón, toda la razón. Su instinto jurídico lo honra y a los profesionales nos complace mucho.

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