No se comprende el optimismo que tantas veces aflora en las sonrisas oficiales de los responsables de Justicia –en la Junta, en el TSJA—porque tal vez no haya lugar más común que el disgusto ciudadano ante una Administración de Justicia que no da abasto ni se distingue precisamente por la excepcionalidad de sus frutos. Los jueces se quejan del atasco judicial o de la falta de medios, pero ahí tienen al presidente del TSJA a partir un piñón con una Junta de Andalucía que parece que acaba de renunciar a la creación de diecisiete nuevos Juzgados capaces de resolver la friolera de 18.500 pleitos pendientes. ¿De qué se reirán esas minervas ante las cámaras, tal vez de la ingenuidad ciudadana? Dicen que lo que pasa es que el gasto en Justicia ni es política (extiéndase electoralmente) rentable. Pues puede, pero alguien debería plantearse la posibilidad de que el atasco derive en fracaso y el fracaso en caos. Ahorrar en Justicia es de locos y, sin embargo, por ahí es por donde da la impresión de que van nuestras Administraciones. 

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