El meditado asalto al gilismo por parte de un Poder que coqueteó con él durante tantos años está descubriendo sin ayuda de nadie su índole truquista. No se trata sólo de la imagen un poco cómica de ese pseudoalcalde abrazador designado por Chaves directamente, sino de hechos tan difíciles de entender como la negativa de la Junta a cederle las competencias de urbanismo incluso a “su” propia Gestora y una vez restablecida, según aquella, “la normalidad democrática”. Marbella se ha convertido en un rehén del PSOE andaluz y Chaves no va a ceder ni tanto así contra sus evidentes planes de reconquistar la plaza aunque sea por la puerta falsa. Su parusía en la tele local en sustitución de Gil, la exaltada amistad del “Gestor” supremo, la decisión de no soltar el decisivo machito del mafioso urbanismo, coinciden en apuntar a ese futuro cartel electoral que intentará de nuevo la toma de esa fortaleza del dinero que se ha convertido en auténtico antimodelo de lo que debe ser una ciudad democrática.

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