La esperanza es lo último que se pierde. La vergüenza, el sentido, siquiera mínimo, de la ética debería ser por lo menos lo penúltimo. ZP dice en Sanlúcar –baño de multitudes, langostinos de trasmallo, exhibición impúdica– que el cierre de Delphi supone una suerte para la Bahía, que abre “un futuro esperanzador”. ¡La tendrán dura estos próceres! Han mandado al paro a cinco mil trabajadores, no hay alternativa ninguna (si la hubiera es obvio que la estarían paseando), se descubre el pastel de la deslocalización hacia Tánger y, todavía, hablan, los tíos, de esperanza y de futuro. Tal vez no ha habido un conflicto que haya dado pie a tanto cinismo y a tan deliberada estrategia de engaño por parte de los gobernantes. Pero noten el silencio relativo, la paz cementerial, el impasse veraniego promovido por el montaje adicto. Se habla más de los gorgoritos de Sonsoles que de la angustia de esos parados. Y encima se les toma el pelo con una perspectiva inverosímil. El gran misterio es, sin duda, cómo logran mantener este tinglado.

3 Comentarios

  1. 22:55
    “La esperanza es lo último que se pierde”…

    Naturalmente para perder la vergüenza hay que haberla tenido alguna vez.

  2. Nos han estafado pero si los siguen votando, ¿què quiete usted que hagan? Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen o por lo menos los que ellos eligen. ¿A quién pueden quejarse luego?

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