De nuevo la pobreza está de actualidad. Es un tema clásico entre nosotros que ofrece una importante literatura de la que, por escribir nómada y no disponer de las fuentes, citaré de memoria los trabajos memorables de Robles, de Soto, del protomédico Pérez de Herrera, aparte de la innumerable lista de escritos arbitristas que clamaron contra la injusticia explicando que mantener esa lacra lastraba decisivamente el destino español. España ha sido desde siempre un paisaje con figuras en las que la pobreza ocupaba un llamativo segundo plano tras el relumbrón, una nación desigualada hasta el extremo en la que la impiedad asumida delegó la asistencia en manos de la religión. Pueden decir lo que quieran quienes ignoran el pasado pero la verdad es que estos reinos de mendigos y pícaros, tullidos y zascandiles, sobrevivieron malamente a fuerza de sopa boba, arracimado a las puertas del convento con la escudilla en la mano y besando el mendrugo. Ayer como hoy. El informe que acaba de hacer público ‘Cáritas’ –el benemérito salvavidas que trató de hundir Matilde Fernández cuando era ministra por el solo hecho de revelar esa foto secreta—nos informa de que, en efecto, la crisis que anda quitando el sueño a los ricos mantiene a los pobres y a sus proles en un puro retortijón. Cientos de miles de españoles o de residentes, legales o indocumentados, sobreviven este verano arrimados al perol de una denostada Iglesia que, más allá de sus vejeces y contradicciones, sigue jugando en nuestro país un papel decisivo para que el imponente sombrajo de la desigualdad no se desplome  con estrépito sobre nuestras cabezas. El Estado no dispone de medios, por lo visto, para atender a esas víctimas. Después de todo lo insólito sería que hubiera previsto ese renglón presupuestario mientras dijo creer que la crisis era una monserga antipatriótica.

 

A diferencia de tiempos pasados hoy no se discute en torno a la autenticidad o falsía de la pobreza –la distinción entre “falsos” y “verdaderos” pobres que duró siglos—sino que nos entretienen con el perfil de los cuitados, un poco perplejos e inquietos por el hecho de que quienes aparecen en la foto con la mano tendida no son ya los viejos mendigos sino una alarmante representación de las clases medias descolocadas por el seísmo, jóvenes sin recursos, flamantes parados o autónomos en quiebra, una fauna que inquieta más, por insólita, que la conocida de toda la vida. Y el Estado, el Gobierno vamos, no sabe qué hacer con eso –un tercio de las familias en paro absoluto carece de cualquier tipo de ayuda oficial—y se ve en la precisión de remitirlo a la denostada Iglesia confiando en la sopa boba que tanto irritaba al colectivismo previsor de la primera hora. No sabemos que podría ocurrir en la España neoverticalista de la concertación social sin la asistencia de esas manos generosas, pero es más que probable que estuviéramos ya, hoy mismo, a dos pasos del conflicto abierto.

4 Comentarios

  1. No olvidemos que aquella indigencia del ayer dio lugar nada menos que al nacimiento de la novela picaresca. Venía también como consecuencia de los que volvían de derramar su sangre en Flandes o en las Indias. De una sociedad clasista con estratos claros y definidos que, aún nebulosamente, sublimaban un bien común por encima del linaje o los dineros: el honor. De ahí la sopa boba antes que la humillación de convertirse en villano ocupando oficios o rompiendo terronales labrantíos.

    Esta de hoy es el fruto de las villanías de quienes robaron ¿y roban? a manos llenas amontonando como picazas y comadrejas, que decía Berganza a su compadre Cipión en sus coloquios caninos.

  2. Carnaval de pobres pues aunque se escondan tras sus disfrazes correctamente enchaquetados, este atuendo cada vez da más tufo de pobreza

  3. Magnífico artículo y ambos coments. Como no vivo en España todo lo que me cuentan me espanta porque en Francia las cosas van también muy mal pero no creo que lleguemos a toanto.
    Un beso a todos.

  4. Con mi recomendación de que se active el ventilador en el Casino y se entornen las contraventanas, mi coincidencia con la colñumna y con los comentarios anteriores. La pobre Dolores o como se llamara la lesbiana aludida sería condenada mil veces ante un jurado pero a ver quién da un veredicto de culpabilidad contra ETA en los alrededores de Hernani. Pues eso, que el jurado es una institución muy populista y cinematográfica, pero que no encaja ni en nuestra mentalidad ni en nuestro panorama judicial.

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