La esposa de Lech Walesa, Donata, ha publicado un libro, escrito al alimón, por supuesto, que no sé si considerar una confesión o un proyecto de memorias, pero que, en todo caso, se está vendiendo en la católica Polonia bastante más que las memorias del polaco por excelencia, es decir, su santidad Juan Pablo II. Sólo he leído una antología entresacada de ese libro, pero ustedes mismos pueden comprobar que se trata de un memorándum en el que una mujer, a la sombra de su marido, se lanza al mercado de la opinión con un testimonio indudablemente populista: el de defender con orgullosa resignación (y esto no es un oxímoron, sino una realidad) el papel de la esposa-madre en el seno de un hogar numeroso del que el padre suele faltar por exigencias de su alta relevancia. Hace muchos años, más de veinte, Hermann Tertsch trazó un retrato de esta primera dama bajo el título de “En casa, la que manda soy yo” en el que dibujaba el perfil de una mujer “comprensiva” hasta el punto de tragarse que su marido la dejara fuera del coche oficial de un portazo, bajo la intensa lluvia, cuando los visitó Reagan, y perfilaba el personaje como esa mujer que le gusta a Wojtila y al cardenal Glemp, es decir, la hembra prolífica (ocho hijos), buena cocinera, fiel en la adversidad lo mismo que ante el éxito, ama de casa ante todo, en fin. Y, en efecto, eso es lo que viene a confirmar, velis nolis, esta Donata que se ha convertido, de la noche a la mañana, en el referente de la mujer polaca media, esto es, de la mujer patriarcalista que aguarda en casa al marido, aguantando el tirón, como un personaje de telenovela, a pesar de que Walesa haya amenazado con abandonar el domicilio conyugal, herido por la imagen de “moro” que, entre líneas, trasluce su santa esposa. En la católica Polonia también corre el tiempo y soplan nuevos vientos, pues, le guste o no a los polacos sarracenos.

Editores y psicólogos se han apresurado a explicar tal éxito por la coincidencia de los criterios de Danuta con el sueño secreto de muchas mujeres que se ven reflejadas en sus renuncias y en su abnegación, en un mismo destino y en un idéntico e irritado reconocimiento de los roles asignados a cada sexo por la sociedad, en un lenguaje que les resulta familiar por el hecho mismo de haberlo vivido.  A pesar de lo cual, Walesa, que seguro que se ha fumado un puro tras ojear el libro, se ha mostrado molesto al verse retratado al natural en el envés de la experiencia conyugal. Hasta en ese país ultracatólico cruje el montaje post-neolítico de la familia patriarcal. Danuta es, una vez más, la heroína que lo es no por lo que hecho sino por lo que ha dejado de hacer.

3 Comentarios

  1. Don José António, muy bonita defensa y homenaje al ama de casa. Me ha emocionado, sin duda en efecto por ser ” el referente de la mujer “occidental” media, esto es, de la mujer patriarcalista que aguarda en casa al marido” y que vela porque los suyos disfruten de lo mejor que ella les pueda dar. Así vivimos casi todas las mujeres,unas más y otras menos, seamos polacas, francesas o españolas ,aunque a veces también haya que luchar contra el marido. Hay veces, en que para las mujeres, las cosas se ponen muy cuesta arriba.
    Besos a todos.

  2. Walesa fue una marioneta de la estretgia de Juan Palbloo II y hace mucho que ya no pinta nada en su país. Me gustaría ver qué tiene que contarnos su señora en unas memorias.

  3. Bueno, claro que es verdad que hay mujeres que viven “a la sombra del macho”, tan cierto como que machos que viven a la sombre de sus mujeres. Pedro en elm caso de estas mujeres de próceres la cosa varía porque no es dudoso que gocen de muchas ventajas y apoyos. A Danuta la he visto yo encantada de haberse conocido en muchas fotos oficiales. Si el marido la dejó bajo la lluvia dando un portazo al coche oficial, haberle monta el pollo, pero sin olvidar que ella no pintaba nada entre dos jefes de Estado.

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