Se multiplican los diagnósticos de los altos dirigentes sobre la crisis social que la otra crisis, la económica, está provocando en medio planeta. Destaca el de Obama, convencido de que nuestra mala coyuntura no se debe a un fracaso financiero sino al desconcierto político, y llama la atención la del “premier” Cameron al endosar la responsabilidad de la creciente anomia al fracaso de la moral, a la quiebra del orden familiar y al medroso paternalismo del Poder, pero no hay que dejar de lado la protesta de Ratzinger contra el relativismo radical que mina los fundamentos de una convivencia cada día más comprometida. Sólo Ed Milliband, el líder laborista, ha concretado su acusación sobre banqueros y políticos corruptos, en línea con los movimientos espontáneos de protesta social que hoy bracean a ciegas en busca de una alternativa pública. El grito de Cameron hablando de Gran Bretaña como de “un país roto” resuena en claves menos apocalípticas en Tel Aviv y trata de extenderse difusamente en España como un alegato contra los agentes sociales y políticos sin excepción, mientras en Italia el ciudadano no sale de su estupor ante el anuncio de una drástica reforma de la estructura del país y en París se refuerza un eje francoalemán que se propone avanzar a paso largo hacia una autoridad continental. No cabe duda de que el mal trance económico en que nos encontramos está permitiendo entrever la incierta pero profunda falla sobre la que todavía se mantiene a trancas y barrancas una sociedad –la surgida en la postguerra europea—cuyo sistema de valores parece exhausto e incapaz de sostener ya por más tiempo esa carrera desigual en que compiten el pragmatismo más insaciable con una moral caducada en buena medida.

 

Esta crisis no es, evidentemente, la en su día mal llamada “del petróleo”, ni la sufrida en los años 90, sino el resultado de una implosión axiológica que se anuncia desde hace mucho pero que, como suele ocurrir con los grandes acontecimientos históricos,  ha estallado de repente. Y con toda seguridad, además, no obedece a una sola causa sino a la conjunción de varios factores entre los que es preciso destacar el éxito de la amoralidad, el desistimiento colectivo en la aspiración a mantener la vida a la sombra de un orden superior, siquiera elemental, sin el que, como se está comprobando, a duras penas se mantendrá en pie un tinglado cada instante más complejo. Asustado y perplejo ante la Revolución Francesa, De Bonald estaba convencido que lo difícil en esas circunstancias para el hombre honrado no era cumplir con su deber sino conocerlo. Progresistas y conservadores pueden hoy mirarse, sin duda, en aquel espejo conservador.

11 Comentarios

  1. Creo que lo que les pasa a estos dirigentes es que tienen miedo porque la protesta les ha sorprendido, piensen si puedo llevar razón.

  2. No seamos simplistas, amigo Ario (???, ¡vaya pseudónimo!), porque hay mucho más que miedo en esas constataciones. Estas sociedades cambian a paso rápido mientras se hunde su Sistema en una crisis que todos savemos como empezó pero nadie cómo acabará. ¿El ese Sistema el que está fracasando bajo nuestrps pies? Es posible.

  3. La crisis es, efectivamente, del Sistema, no solo de una sociedad o sector social separados del conjunto; va desde los EEUU hasta Grecia. ¿Será éste el fin del capitalismo cuyas posibilidades de evolución adaptativa creían los teóricos de los años felices que era prácticamente ilimitadas?

  4. Que sepan ustede que a este señor lo ha hecho hijo adoptivo dle pueblo el pp más reaccionario de España que es el de Valverde del Camino. Eso dice quien es este señor.

  5. De que vivimos una crisis más grave de lo que parecemos estar percibiendo, no cabe duda. Por eso alertan los líderes, que quizá tenga su miedo, todo es posible. En cuanto a lo de sociedad rota de Cameron, lo creo exagerado. No veo yo rotura en la sociedad occidental, sino avería en el Gran Motor que es el Capitalismo ése de la “Mano Evidente” de que nos hablaba jagm ayer o antesdeayer. Y creo que todo acabará solucionado, con mucho dolor por medio, pero solucionado… por un tiempo.

  6. A Pucherito, una reflexión: jag, es Hijos Predilecto de Huelva y ahora también lo será Adoptivo de Valderde del Camino. Por algo será, puesto que en ´
    el concurren otros títulos (fue profesor de la Complutense y es Académico, por ejemplo). Lo de este señor Puchero me huele a inquinas localistas, muy probablemente sectario-partidistas, y seguro que a ja no lo inquietaría ni mucho ni poco.

  7. Añadir a lo que acaba de comentar Pangloss que, según mis noticias que están en Internet, también lo ha votado Izquierda Unida. ¡Luego ya queda identificado Pucherito…!

  8. Interesante columna, miserable comentario (el del mencionado Pucherito). Estoy con la mayoría en que esta crisis afecta a lo que alguien ha llamado antes el Gran Motor, y la prueba es cómo rechinan sus piezas. Aparte, reconozcamos que se viven momentos de lógica efervescencia, expresada en el ruido de la calle. Y también que el que se escuchó ayer en Madrid, Puerta del Sol, en el bando “indignado” resultaría ridículo (unos pocos miles contra un millón…) si no fuera por la complicidad del Gobierno con unos intolerantes tan agresivos.

  9. ¿Han visto las imágenes de Sol, la agresión a los peregrinos, en su mayoría muchachos extranjeros? Los que hemos vivido, por desgracia, otros tiempos nos hemos echado a temblar al ver reproducida la inhibición del Gobierno como entonces. Esperemos que la cosa no llegue a más porque son pocos y hoy ni España ni ningún país consentiría el acoso a una religión y a sus fieles.

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