¿Qué hará Chaves ahora que los catalanes han descubierto el pastel y están dispuestos a despacharse solos su ración de la trata? ¿Seguirá diciendo que el ‘Estatut’ catalán no supera el que aquí le copiamos en la letra chica o admitirá que se ha abierto, quizá sin remedio, el proceso de condeferalización para un Estado constituido por Españas de dos velocidades? ¿Por qué no “ir más allá” de la letra del Estatuto, como declaran los catalanes que han ido ellos, y montarnos aquí, en paralelo riguroso nuestra “Agencia Tributaria” propia por si acaso la fractura de la unidad fiscal española resulta irrevesrsible? ¿Seguiremos acogidos al modelo de “la señorita Pepis”, apuntados a la autonomía de segunda, colistas orgullosos de nuestro inveterado  farolillo rojo? Verán como, en cualquier caso, Chaves no pía sobre el particular o pía dirigido por la batuta de fuera. Pero una autonomía que calla ante semejante ataque a la solidaridad básica del Estado no es más que un régimen ficticio. Y Chaves el empresario de esta cara fantasmagoría dispuesta a vivir con las migajas que desprecie Epulón.

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