A la consejera Castillo, la de Medio Ambiente, le cae ancho el cargo. Acaba de demostrarlo con su incontinencia al endilgarle a la Conferencia Contra el Cambio Climático un ingenuo ‘speech’ en el que se trataba de vender la gestión andaluza –¡imagínense!—poco menos que como modelo a seguir por los Al Gores de este mundo. Es lo malo que tiene esta política de recluta de altos cargos: que luego, cuando se enfrentan a la realidad, o pasan desapercibidos o hacen el ridículo. ¿Andalucía faro de una buena política medioambiental? Eso, sobre todo proclamado en Huelva, suena casi más a simplicidad que a osadía. Castillo está ahí para defender el oleoducto por más que, como suele ocurrir, intente volar por su cuenta.

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