Paul Jorion es desde hace tiempo uno de los personajes más atractivos de la ciencia social europea. Es un disidente, por supuesto, un francotirador, un inconformista que ha ido derivando de la ingeniería financiera a la sociología/antropología hasta llegar a la conclusión de que el fracaso radical de los economistas de cara a la presente crisis –que él pronosticó con antelación notoria— no consiste en el fallo personal de los autores sino en el estatuto científico de la ciencia económica, tan lejana ya de la “economía política” de los clásicos, y a la que sería preciso reinstalar, tras una fulminante revisión epistemológica, en un campo plural definido entre la sociología y la antropología económicas  y la propia ciencia política. Sostiene Jorion que nuestras sociedades avanzadas funcionan desde y sobre el doble rasero de una vida política “constitucionalizada” que ha de vérselas en la vida práctica con una actividad económica que no dispone, como aquella, de un sistema inventado por el hombre mismo, sino que funciona de modo autónomo tal como funcionan las demás fuerzas de la Naturaleza, dicho sea en la más estricta perspectiva del darwinismo social, es decir, desde la evidencia de esa dialéctica que explica el triunfo del más fuerte sobre el más débil. La especie humana debería su progreso al acierto que supuso su ‘autodomesticación’ política (es la vieja tesis ‘ilustrada’ de Blumenbach), mientras que debería sus penas al hecho de haber dejado la relación económica en estado ‘salvaje’, es decir, como aquella que se sustancia indefectiblemente entre unos pocos ganadores y una legión de vencidos. Jorion no reclama ‘reglas’ para la economía (eso es lo que sobra, diría él) sino una auténtica “constitución”, es decir, un marco normativo que represente para ella lo mismo que la democracia supone para la política. Lo que hay hoy, incluyendo el sacrosanto Mercado, es pura selva, relación elemental entre cazadores y presas. Tantos que andan a vueltas con la impagable hipoteca seguro que firmarían bajo esas palabras.

 

No sabemos que sucederá a la economía de la crisis pero hay indicios numerosos de que algo, en definitiva, no poco distinto a lo que hemos tenido hasta ahora. La dolorosa experiencia debería conducir, probablemente, a modelos más ‘civilizados’, menos ‘salvajes’, de interacción, pero también a montajes sociales en cuyo seno la economía y las finanzas no puedan ejercer el “trágico papel” (Jorion) que han venido desempeñando en el seno de nuestras sociedades. ¿Por qué nuestra vida política está estabilizada, por lo general, en un confortable “centro”, mientras que la vida económica carece de límites y frenos? Puede que la crisis esté ahí para debelar la naturaleza ‘primitiva’ de la economía e imponernos la necesidad de su ‘domesticación’. Hace poco decía orgullosamente  un magnate que la economía es una fuerza de la Naturaleza. No podía imaginar, probablemente, que justo en ese carácter primitivo radica su inmensa fragilidad.

10 Comentarios

  1. Un comentario para tener muy en cuenta, entre otras cosas proque aporta información –una vez más– sobre la gran actualidad intelectual europea. El hallazgo de Jorion –cuyo blog me apresuré a visitar y recomiendo a los casineros– es estupendo: estamos domesticados políticamente pero seguimos siendo fieras económicas. Me imagino, don josian, que a los amigos “libs” les va a gustar poco su noticia y comentario.

  2. No sabe cuánto me alegro de este zarpazo epistemológico que nos da a los “ecos” un “científico social” a quein desconozco pero que por venir de su mano cuenta con mi respeto. Es muy original la idea de la no domesticación de la relación económica, que me parece que debe bastanta a Smith y algún otro, incluido Hobbes, y briullante la idea de que la viabilidad de la vida civil mse debe a la “centralidad” generalizada de los ciudadanos. Ésa es una verdad como un templo y me parece un importante descubrimiento contraponerla al carácter primitivo y “salvaje” de la economía real. Ella misma acaba de confirmar esa tesis con su comportamiento universal. Ahora bien, me pregunto si nuestro amigo Jorion no identifica economía real con capitalismo, que sería lo mismo pero no lo sería, ¿me entiende usted? La columna es de lo más interesante. Es una lástima que su periódico no le dé mauyor relieve a una aportación diaria de la categoría de la suya.

  3. ¡El tonto de las maracas! Es que no falla: sopbre todo si pierden. ¿Sabrá ese descerebvrado con quién se juegha las cartas en este blog, cuántos años de…, bueno, dejémoslo, cuantoas trabajos hubimnos de tomar muchos de nosostros para que camarones como ese NN se dejen llevar por la corriente, seguro que cálida y nutritiva? Por favor, doña Scéptika, usted que tiene mjeor humor, dígale algo a estre imbécil.
    La columna merece un comentario que no me permite mi estado de ánimo, tras el correctivo al imbécil de marras.

  4. Comprenderán que en un tema tan superior una se ande con el cuidado con que el maestro shaolin intentaba inculcar al pequeño saltamontes (rip) para caminar sin ruido sobre una alfombra de papel de arroz.

    Pero tanto en la columna como mi don Ecónomo plantean la centralidad generalizada de los ciudadanos, política, claro está. Sin querer incursionar en territorios en los que soy lega, yo diría que esa centralidad se aproxima al concepto amplio de socialdemocracia, al menos en el uso 2 que le da nuestro DRAE. Yo diría que ahí está el punto de intersección entre la política propiamente dicha y la economía tutelada si es que me permiten el término.

    Lo malo es que ese ochenta por ciento, máomeno, que en nuestro occidente próximo se reparten el centroizquierda y el centroderecha difieren en sus planteamientos, queriendo cada uno acercarse a los bordes distales del terreno, por aquello de ¿presumir? de alguna ideología.

    En cuanto al descerebrado ese que nos visita, sosegaos, mes amis y soportemos los agravios que nos manda la madre naturaleza. Me da la impresión de que se trata de un feto con las neuronas mal hilvanadas. Al menos eso me dan a entender sus enes: Non Nato.

  5. Socialdemocracia o lo que sea, doña Secptk., no me diga que ve diferencias, a estas allturas. ¿No quedámos en que eran los mismos con distintos disfraces? Lo que la maniqueísmo oculta con más frecuencia es la identidad de los opósitos. No s ele olvide veso, penetrante mujer.

  6. Interesante columna trayendo la figura de Jorion del que no he leído nada pero por lo visto le tira Chayánov lo que indica su buen gusto; aunque ese enfoque “darwinista” de la economía suena un tanto rancio. Es nuestra sociedad occidental la única que ha segregado la esfera económica aislándola del resto de instituciones sociales pero ese modelo que le ha dado el éxito planetario (algo que no se debería olvidar a pesar de sus bajones cíclicos) no obliga a presuponer que sus principios sean aplicables a todo tipo de sociedad y en todo momento.
    No me extrañaría que el magnate del comment hubiera dejado caer un sonoro eructo cuando acabó su frasecita, y que se lavara las manos como Pilatos.

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