Cuando el profesor Badiola, responsable del Laboratorio Nacional de Referencia, nos habló en las ‘Charlas de El Mundo’ de la gripe A (él se resistía a llamarla “porcina”) nos advirtió, como quien no quería la cosa, que estas pandemias suelen producirse en tres oleadas y que el peligro estaba en que una de ella coincidiera con los fríos del invierno, es decir, lo contrario de lo que, por fortuna, nos estaba ocurriendo a nosotros, pobladores del hemisferio norte, al que el virus llegó en la templada primavera. No sabíamos que iba a ocurrir cuando en sucesivas oleadas, la gripe se cebara en países durante el invierno, que es lo que está sucediendo (y él lo vaticinó, por cierto) en la inquieta Argentina de estos días en que, por vez primera, el peronismo ha sido derrotado en toda la línea. En efecto, las noticias que llegan, lejanas todavía de la catástrofe, son, en todo caso, más que alarmantes como lo prueban la dimisión de la ministra del ramo, el cierre de las escuelas en tres provincias, la previsión del estado de emergencia –reclamado incluso con urgencia por el vencedor de los Kirchner, el diputado Francisco de Narváez– , el colapso de los hospitales y centros de atención primaria y, sobre todo, la creciente cifra de defunciones, que ronda ya la treintena. Y todo ello ocurre justo cuando los expertos certifican que el virus en cuestión es un descendiente de la temible y mal llamada “gripe española” que asoló medio mundo al terminar la primera Guerra Mundial, es decir, en 1918. Se confirma, pues, la previsión epidemiológica y con ello se reabre el abanico del miedo mientras los Gobiernos tratan de ganar tiempo y algún laboratorio trabaja a marchas forzadas amasando otro fortunón a fuerza de vacunas. Los estudiosos de las pestes (Delumeau, entre otros) saben bien que esos azotes dejaron tras de sí, junto a la memoria de la desgracia, muchas fortunas sobrevenidas. Lo de que no hay mal que por bien no venga, se acaba justificándose siempre para algunos.

 

Nos hemos acostumbrado a menospreciar los riesgos en base a la teoría que, por sistema, invoca  el alarmismo como argumento, pero a la vista está que ése no es un procedimiento aconsejable. Pero por lo que respecta a esa gripe, parece claro, además,  que habíamos liquidado la cuestión un poco a la ligera y, desde luego, que su eventual irrupción futura en territorios sanitariamente desprotegidos podría abrir una página desastrosa en la crónica de estos inicios del siglo, posibilidad que por sí misma descalifica nuestro hiperoptimismo primermundista. En Argentina estamos asistiendo al segundo acto de un drama con vocación de tragedia al que nadie sabe todavía a ciencia cierta como oponerse, mientras esta ciudad alegre y confiada se distrae como puede. Resulta desolador pensar que todo lo que nuestra vertiginosa civilización posee hoy frente a estos grandes desafíos del destino se reduce a su capacidad de cerrar los ojos.

8 Comentarios

  1. Un problema interesante, del que asusta comporbar en manos de quienes estamos. Ayer vi a la ministra española y me dieron palpitaciones. ¿Qué sería de nosotros si hubiera que hacer frente a una pandemia aguda, con efectos graves sobre la población, si quienes tienen que decidir no tienen ni zorra idea de epidemiología ni de nada? Es una plaga la del «empleado político», esos que saben de todo porque no saben de nada. Doña Trini me dejó sin respiraicón ayer cuando la escuché decir sus tonterías ante una muerte que quién sabe si pudiera haber sido evitada.

  2. Vamos a ver, sin querer dármelas de niñotintagafotas, si me acerco a lo que probable/ explicó el prof Badiola:

    H y N son proteínas de membrana del virus con nombres raritos [(Hemaglutinina (H) y Neuraminidasa (N)]. La gripe Española del 18 se identificó por N1H1. La Asiática del 57 (H2N2) era una mutación mayor, de ambos elementos. Pero no ocurrió lo mismo con la de HongKong del 68, en que una de ellos no mutó (H3N2) y además fue muy próxima en el tiempo, diez años, con lo que había una memoria inmunitaria en la población y los efectos globales fueron bastante más suaves. Un servidor de ustedes vivía en espacios comunitarios -internado, cárcel, mili o algo parecido, no caigo bien- y pillé estas dos últimas. Sé de qué hablo.

    De lo que sí pueden estar seguros es de que la Virología hasta bien entrados los años setenta estaba poco desarrollada y prácticamente solo se conocía un antiviral, la amantadina. Posiblemente algo tuvo que ver en los primeros ochenta la aparición/expansión del SIDA lo que provocó un estudio serio tanto del bicho en sí, como de los medios de atacarlo. (Enfermos ricos).

    Desde hace unos pocos de años no cesan de aparecer avisos megalómanos de amenazas de gripe -para pillarla no hace falta ser homosexual, hemofílico o adicto a heroían inyectada, las tres H, je, je-, ora la aviar, ora la porcina, ora la resucitada humana o española, kénivelazo, con lo cual las grandes farmaceúticas les venden millones de dosis a gobiernos y oemeses, después de dejar los herbolarios sin anís estrellado, tamiflú, flu, flu.

    Da gloria oir en su particular dsedseo a la ministra/menestra de Sanidad, tan malagueña como Celia, dogmatizando y poniendo carita de saber mucho y de que podemos dormir tranquilos mientras ella cuida de nuestra querida salud personal y colectiva.

    Un servidor, que tiene una hermana melliza de lo más scéptika, se ve obligado a advertir que esta pandemia, horreur, se llevará por delante a un puñado de compatriotas, pero no sin puntualizar que lo normal sea que estos futuros fiambres, entre los que tal vez me cuento, son personas con patologías previas, diabetes, bronquitis crónicas o cardiopatías por poner los tres ejemplos más repetidos, y que la Huesuda está con los brazos abiertos esperando a esos a los que ya tiene más que señalados con el dedo previamente. Se frota los metacarpos crotaloides al comprobar que los HN le adelantan la jugada.

    Harían bien nuestras autoridades sanitarias, je, je, otra vez, en aclarar algunos datos de las enfermedades que los ocsissos padecen cuando les entra la gripecilla dichosa. Los niños y jóvenes adultos sanos respirarán más tranquilos. O sea.

  3. Empieza a cobrar cuerpo ese fantasma, creo yo que, sobre todo, a causa del desconocimiento, de la desinformación, producto a su vez de la ignorancia de los responsables. Temo que ante estas pestes modernas, por fortuna no tan terribles como las clásicas, nuestra ciencia se halla un poco desconcertada, quizás porque el área de los virus es compleja y mantienen todavía no pocas zonas de sombra.
    La prueba del invierno era capital, como se está demostrando en Argentina, lo que quiere decir que la próxima estación será el debate sobre las vacunas –que ya deben de estar a punto…–, su conveniencia, sus garantías y todo lo demás. Hemos olvidado demasiado aprisa la confianza en la Providencia, me parece a mí. Aunque sospecho que personas como esa ministra de que se ha hablado más arriba siguen «confiando» en ella…

  4. Da miedo pensar en ambas cosas, en la pandemia y en los responsables. Y pdocuce malestar pensar que muchos van a forrarse con esta nueva desgracia que confiemos en que, al final, no pase del susto. Poco ocurre en el planeta bibiano, hay que reconocerlo, dado el trato que le dispensa la Humanidad.

  5. En mi larga experiencia profesional he conocido mucho abuso de la industria farmacéutica, incluidas algunas vacunaciones masivas. Lo que no me esperaba, de verdad, es que en estos tiempos nuevos tuviéramos tan poca capacidad de respuestas ante un problema como el que plantea esta plaga. Calculen a varios dólares el beneficio por cada vacuna y multipliquen por millones de dosis. Es natural que la gente mire con desconfianza al sistema sanitario, que no conoce, en general, más que de oídas o de pasada.

  6. De algo tenemos que morir y doña Mohandas- no consigo acostumbrarme al tal apodo, es que no le cuadra en absoluto!_- bien claro lo dice; si no es de la gripe española será del corazón, del riñón, y así sucesivamente.
    Mejor debe ser morirse de la gripe que de un cancer, sobre todo si ya estás algo pachucha.
    Un beso a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.