Esta otra “guerra de las cajas” se libra en torno a la cuestión de dónde situar la sede de ese futuro gran banco regional, si en Sevilla o en Málaga. Pero entre todas las protestas y peticiones que llevo escuchadas ni una sola ofrece razones prácticas, ninguna se fundamenta en un criterio técnico, sino que todas, sin excepción, replantean la disyuntiva reproduciendo la añeja disputa regional, la de “las dos Andalucías”. Es la herencia del partidismo, la consecuencia de ser las cajas hoy por hoy auténticas sucursales del poder político, en las que poco cuenta el impositor ni nadie que nos sea partido o sindicato. Y eso es un disparate además de una vergüenza. La clase política se ha apoderado hasta de nuestros ahorros y me temo que más que se va a apoderar.

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