Un ciclista kazajo, Alexandre Vinakourov, que venía haciendo un excelente papel como ganador de etapas en este ‘Tour’ devaluado, ha debido abandonar la competición, junto con su equipo, una vez demostrado que debía sus triunfos a la sangre ajena. Justo cuando parecía que las proezas de Contador, ese español prodigioso, podrían devolver a la célebre prueba el prestigio perdido y volver a “enganchar” como antaño, otro escándalo de dopaje viene a confirmar la hipótesis pesimista de que toda competición –sin excluir ni al amor ni a la guerra– suele tener arranques románticos para acabar rompiendo en míseros amenes barrocos. El Tour mismo no es, evidentemente, el que era cuando Federico Bahamontes –un cianótico criado con la algarroba de postguerra que se entrenaba subiendo las cuestas toledanas– podía permitirse el lujo de sentarse en lo alto de un “col” y comerse un helado para dar cuartelillo a sus rivales. O cuando Fausto Coppi ganaba la Milán-San Remo con un cuarto de hora de ventaja. O cuando el bello Anquetil se erigió en líder intratable del velocismo sin dejar de sonreír a las muchachas que entonces comenzaban a acosar a los héroes en la meta. Nada de eso. Todavía hace un quinquenio, el sociólogo francés Georges Vigarello creyó descubrir las claves del ‘Tour’ en el marco de una mitología nacional aunque no nacionalista, al ver en la famosa prueba una epopeya que actuaba como un eficaz reunificador de la conciencia nacional en torno al sentimiento de identificación con el paisaje, tesis que avalaba con el hecho de que sus ediciones más “esenciales” habían resultado ser precisamente las celebradas tras las guerras o crisis nacionales vividas por el país. Él demostró entonces que lo de menos eran los espectadores que asistían ‘in situ’ a la carrera frente al increíble 73 por ciento de la población francesa por entonces registrada en la audiencia televisiva. Algo ha cambiado, sin embargo, y de forma difícilmente reversible, tras la irrupción de la dopa en esta histórica ordalía y el descubrimiento del sórdido tráfico de sangre humana –aparte losde anfetas, esteroides anabolizantes o simples diuréticos– sin el que, al parecer, ya no son posibles las hazañas clásicas. La imagen del triunfo suele asociarse a la de pureza, y eso, naturalmente, se paga.

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 Ni que decir tiene que el ‘doping’ no es un invento reciente. Drogas de muchas clases se usaban ya en Olimpia o en Delfos por parte de aquellos efebos por los que se pirraba Píndaro, y en el circo romano se dopaba a los caballos en las carreras de cuadrigas, algo que no debe extrañar sabiendo que en la Roma del severo Augusto funcionaban casi mil tiendas de opio. Y sospecho, además, que los escándalos no han aparecido hasta ahora ni más ni menos que porque han debido aguardar a que las técnicas analíticas avanzaran lo suficiente, pero que tal vez muchos de nuestros románticos escaladores subían el Tourmalet ‘colgados’ como jaulas de sabe Dios qué sustancias menos sofisticadas que las que hoy pervierten el ideal deportivo. Otra cosa es, y bien distinta, por supuesto, que la noción idealista del deporte, que ilustra mejor que nada el llamado “espíritu olímpico” del barón de Coupertin, se ande imponiendo a una realidad que parece imparable, y que un cierto desencanto sea la respuesta colectiva al tocomocho que nos venían colocando los falsos románticos. Lo que queda por ver es qué alcance tienen estas decadencias y hasta qué punto, de ser correcta la hipótesis de Vigarello, el “país mental” pudiera resquebrajarse averiado por las grietas de tanta transfusión y tanto chute. Este mundo sólo funciona con el combustible cínico de la exigencia moral ajena aunque sepa de sobra de qué va la película. Rousseau imaginó al “buen salvaje” sobre el modelo que el capitán Cook vio en los mares del Sur. Su ralea se empeña en fingir que sigue exigiéndoles a sus héroes que se alimenten en exclusiva del árbol del pan.

22 Comentarios

  1. Barón de CouBertin, jefe, no de Coupertin. Y no me diga que es un laspus porque la be y la pe caen lejos en el teclado.

  2. Me podrán tachar de repetitivo, pesado, plasta, tarugo, morcilla. Vale. Aquí está mi nuca dispuesta a recibir collejas. Pero en el fondo de estas cuestiones no hay otra cosa sino el mardito parné. Hoy el deporte prácticamente ha dejado de existir dejando paso al espectáculo. Los espectadores dél, bien sacando la entrada o enriqueciendo aún más a esas marcas de tantísimo postín y precios de escándalo con la adquisición de sus productos, se dejan una pasta gansa, más que nada por ver ganar a los suyos. Y los deportistas (?), esos hombres-anuncio, tienen que tragar con lo que imponen los capos de esa mafia.
    Y en segundo lugar las televisoras: ese despliegue de helicópteros, coches, cienes y cienes de motos con el cámara jugándosela, no tienen nada que ver con cuando la retransmisión era por radio. Ese Butanito, jugándosela él mismo -no un gregario/becario en la moto- y asfixiándose con ese ritmo acelerado y postizo que se usan hasta los que narran un campeonato de ajedrez. En un feed-back imposible, la tele crea y ensalza a los falsos ídolos y éstos aumentan su caché para salir en la tele anunciando desde un yogur a un suspensorio. La pescadilla no es que se muerda la cola, es que se la va comiendo voraz.
    (Maestro, hoy mi don Severo le larga con lo del barón y yo me pregunto por qué era cianótico el Águila de Toledo. Mecachis).
    (Otra addenda: nadie se ha molestado en teclear el editorialillo de ayer de Zahara de EM de Andalucía. Ánimo jubiletas del blog. Que este servidor un día que fallaron los andaluneteros, transcribí íntegra la Cruz del Sur de ese día. Merci beaucoup si alguien nos hace la merced).

  3. Lo siento. No he podido resistirme. Imagino que una mayoría de bloggeros son asiduos lectores de EM. Pero he hallado una perla de David Torres, hoy, que soy incapaz de no reproducir. Puede leerla quien que no pague cuota a EM. Hela:

    “… En Europa, en la Europa civilizada y democrática, se permite la crítica a las instituciones y las caricaturas a los jefes de estado, monarcas incluidos.

    Sus Marineras y Esquiadoras Majestades viven en un mundo de lujo y esplendor donde no sólo cambian de yate como otros cambian de camisa, sino que además sus súbditos tenemos que pagar a tocateja sus gastos y los de sus exponenciales descendientes sin permitirnos siquiera una crítica, una befa o una sonrisa.” Fanfarrias, por fa.

  4. Una lástima el deánimo de hoy (¿el calor quizá, la desbandada vacacional?) porque el tema da para mucho tras su aparente superficialidad. La idea del sociólogo citado, Vigarello, muy interesante, pero creo que más lo es la denuncia implícita e, irónica, como de costumbre, que jagm hace de la eviolución de estas “instituciones” clásicas como el Tour.

  5. Hoy mismo traen los papeles una encuesta en que la Iglesia resulta ser la institución menos valorada o fiable para los españoles. No me inquieta, pero me asombra porque, a pesar de que faltarían razones para un juicio en esa dirección, hay que admitir que sion muchas las instituciones que mantienen diariamente el pulso a ver cual es menos de fiar. Miren lo que está ocurriendo cob los jueces estos días (caso del de la lesbiana, caso de Zahara de la Sierra, caso de El Jueves…) con la Justicia, o la que hay organizada en Barcelona por la necedad e inocmpetencia manifiesta de unos y otros. ¿Por qué fiar menos del obispo (cxardenal) Cañizares que de los bustos parlantes de ERC o CiU?

  6. La temporada anterior en Italia fue necesario castigar con la descalificación a una serie de grandes equipos que habían corrompido la Liga, el Calcio, con sus manjeos de dinero e influencia. ¿Por qué el ciclismo ha de recibir un trato menos contentadizo que el que recibieron esos golfos qu eya con anterioridad habían organizao hasta una estafa en sus quinielas?

  7. Personalmente no entiendo bien por qué esta perra que se han cogido con el dopaje de los ciclistas y otros atletas. ¿No es su porpia salud la que se juegan, acaso lastiman a alguien? El columnista señala con mucha intención al mundo clásico en el que, es cierto, el uso de drogas en el deporte de competición está más que probado.

  8. Si a mi me pone un canuto para un examen o a un colega le va una rayita porque se lo tiene que prohibir nadie??? lo que yo no me creo es esos tios se suban esas montañas sin nada dentro, el jefe dice “colgados” como jaulas y tiene que ser así.

  9. El deporte ha alcanzado cotas insostenibles sin estímulos artificiales. Ya pueden decir lo que se les ocurra que esto es así y lo venimos diciendo muchos desde hace ,muchos años. En USA hubo un gran debate cuando Ben Johnson echó abajo las marcas en aquella extraordinaria carrera, pero yo nunca comprendí por qué se me arrebataba aquella imagen extraordinaria en una sociedad que admite que la gente se emobrrache en los fines de semana, fume cannabis de manera generalizada o tome fármacos por un tubo.

  10. No se pueden pedir espectáculos por encima de lo humano y exigir al mismo tiempo que los atletas se comporten como espíritus puros. l estimulante triunfa hoy en todas las esfreas de la vida, la mayoría de las veces con asistencia y prescripción médica, y de hecho no le veo mayor gravedad siempre que ese control del experto garantice que no va a causar daños mayores. ¿Por qué un ciclista no puede hacer lo que hace un ama de casa, un cura, un militar y no les digo nada un/a ejecutivo/a?

  11. Chapado a la antigua, no acepto el deporte trucado, porque me parece que en su caso quien triunfa y bate récords no es el deportiosta sino la droga. hora bien, lleva mucha razón quien ha dicho antes que si le exijimos esos resultados a los atletas no podemos esperar que se superen año tras año con su limitada naturaleza. Hoy hay registros tan importantes en todos los deportes que un griego se haría cruces, suponiendo que los griegos supieran hacerse cruces, que no lo creo. Pero esos registros exitosos son la consecuencia de una revolución en la nutrición, de una mejora patente en la constitución física de las nuevas generaciones, de la dcesaparición de ciertas enfermedades infantiles que debilitaban antiguamente a las personas.

  12. El otro día me protestaba una paciente por los presuntos “abusos” de la juventud: llevaba en la mano una gavilla de recetas entre las que había tres que solicitaban eso que gm suela llamar psicótropos.

  13. Zumbao, eres un insensato algunas veces, con lo cuerdo que parece otras. Tomar a broma estas cuestiones me parece grave y hoy echo de menos en la columna de gm que tome postura frente a un disparate (el dopaje) que puede resultar gravísimo puesto que su publicidad es enorme.

  14. ¿Vieron la que organizó la nueva Chiche, la senadora Kirchner, la bronca que le dio a sus empresarios? Yo lo que veo es que mi país, pobre pa´ñis, no tiene remedio.

  15. Un buen tema produce buenos comentarios: hoy puede comprobarse aquí. Estoy con casi todos ellos, y por supuesto, con la intención de jagm.

  16. Una pregunta a don jagm. ¿Qué le ocurre a usted con Píndaro, no le gusta? ¿O se trata sólo de homofobia? No es la primera vez que recurre usted a la cita, si mal no recuerdo. ¿Tanto lo irrita la imagen de un genio con un efebo?

  17. En mis tiempos no se concebía el estímulo para el deporte. Comprendo, sin embargo, que no le falta razón a quien ha dicho que si le exigimos cada día nuevos logros a los deportistas, ellos nom tendrán otro remedio que echar mano de lo que sea. La Naturaleza tiene un límite y parace lógico pensar que esta continua superación de resultados, aparte de lo que deba a los factores de progreso ya indicados (se olvidó el progreso de los materiales, caso de las pértigas, bicicletas y demás), no es creíble que se produzca así como así, dependiendo solamente del cuerpo y de la voluntad del atleta. Tenemos en esto también lo que nos merecemos.

  18. No sé a qué viene el comentario de Norma, facilmente replicable haciéndole a ella preguntas ingualmente absurdas e incómodas, aparte de improcedentes. Después de muchos años leyéndole y oyéndole muchos de los que aquí solemos reunirnos conocemos bien el estilo bromista de jagm, aparte de que nada puede objetarse a Píndaro por pirrarse por los efebos ni a gm por recordarlo, ¿no le parece, Norma?

  19. Ayer me reclama alguien que ignora que ando medio aislado en una región con mala cobertira y casi despoblada… ¡imaginen qué maravilla!
    Hoy me asomo, aprovechando una escapada al pueblo próximo, para mostrar mi adhesión a la crítica implítica en el art. de ja, tan duro como equilibrado, tan culto (¿qué le ocurrió, doña Norma, se sintió no sé qué…?) como irónico. ¿Se han fijado en cuántos de nosotros reparamos en la ironía de nuestro anfitrión. Yo que la conozco hace más años de los que seguramente nos gustaría a él y a mí, no me extraño de ello sino que la celebro como uno de sus mejores recursos.

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