Seguiremos una semana más con el toletole de la listeriosis. La Junta señalando al Ayuntamiento de Sevilla por su cuestionable sistema de control sanitario, el Ministerio haciendo lo propio, a media voz, con la Junta, y aquel atenido al refrán de que en boca cerrada no entran moscas. Se plantea ahora la posible unificación de las competencias sanitarias pero lo único que de verdad va a quedar claro tras esta grave crisis es que la gestión pública está sometida al dictado partidista, de modo que, para la autoridad, de lo que se trata, antes que de encarar el problema y sus consecuencias, es de culpar al adversario. Ni siquiera una epidemia tan penosa ha bastado para doblegar el egoísmo político que corroe nuestro sistema de libertades.

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