El Parlamento andaluz –esa “camarilla” más que Cámara– ha decidido por mayoría absoluta y contra la exigencia de la Oposición en pleno, impedir que Chaves explique las consecuencias de la sentencia que acaba de revolcarlo. Con un argumento sencillo, medieval, tomado quizá de Kantorovich: que el Presidente, como el Rey, constituye dos sujetos, es uno en esencia y dúo en persona, y en consecuencia, el actor de este pleito fue el ciudadano y no el cargo. ¿No argumentó Presidencia al Juzgado que “la figura del Presidente de la Junta resulta inescindible (sic) de la propia Junta”?  Pasemos por alto que ese barbarismo no pertenece al español pero no la evidencia de la doblez que supone invocar la privacidad frente a la condición obviamente pública de un Presidente, ahora que la propia Justicia lo ha dejado a los pies de los caballos. Por supuesto que uno cree que ésta no es, ni mucho menos, la cuestión más peliaguda sobre la que Chaves tendría que rendir cuentas al pueblo, pero, precisamente por esa razón, semejante blindaje resulta grotesco. Estamos en una democracia de mínimos. Un paso más abajo y ya ni siquiera estaremos.

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