El tema de nuestro tiempo, como diría Ortega, es la crisis. La crisis, por su parte, consiste en una fantasmagoría en la que todos yerran y ninguno acierta, un embeleco que, como el lobisome o el vampiro,  no se manifiesta sino en sus destrozos. ¿Habrá que recordar al propio Ortega cuando decía aquello de “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”? Fíjense en España, en cómo poco a poco la soberanía nacional se ha ido volatilizando aquí para reaparecer en manos de los burócratas de Bruselas y en los sanedrines de Berlín. Hagan memoria. Primero nos hablaron vagamente de que había que ajustarse el cinturón y así se hizo, pero la cosa fue a peor. Nos ordenaron luego perpetrar una reforma laboral de no te menees, la hicimos y la prima de riesgo ésa subió mientras la bolsa bajaba. Dijeron entonces que lo prioritario era la reforma financiera y se intentó hacer mejor o peor –manipular ese artefacto nos costó una mano y parte de la otra– pero la prima en cuestión seguía subiendo y subiendo. Se adujo entonces que había que asfixiar al contribuyente y sisarle la cartera  a los trabajadores públicos, y cuando se hizo resulta que la prima no se inmutó y continuó su ascensión, como haciendo bueno el dictum de no sé qué prócer que dijo del año 2001: “Sólo sabemos que el 2012 será peor”. Y en fin, allá estaba Grecia amenazando al sistema con la insumisión y, en consecuencia, empujándonos a todos hacia el abismo, pero cuando en Grecia se despejó el ambiente y los apolíneos del europeísmo vencieron a los dionisiacos de ambos extremos, vimos con asombro que tampoco esa afortunada circunstancia evitaba la levitación de la prima. Media Europa se reconoce ya en la imagen el hámster que galopa sin fin en su rueda finita pero ilimitada como el Universo. Ni idea de adónde vamos, aunque tengamos algunas teorías medio qué para explicar de dónde venimos.

El sistema capitalista, el ideal del mercado libre con su “mano invisible” y sus manos negras, está fracasando si es que no ha fracasado ya más o menos como fracasó el timo colectivista que se escondía detrás del Muro. ¿Por qué nadie osa decir algo parecido a esto, por qué renovamos una y otra vez el crédito a un Sistema que incluso se permite cachondearse de sus más fieles arúspice?  ¿Será éste el purgatorio previo al reino feliz de los tiempos finales? Sólo la jodida prima podría contestar a esa pregunta mientras menea en el bululú su invisible perfil en manos del buhonero. “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Y a uno le da el pálpito de que sólo la prima conoce las claves de estas postrimerías. No hay mal peor que el que está en todas partes y en ninguna.

1 Comentario

  1. de nuevo con retraso
    Bravo, eso es precisamente lo que hay que decir: que lo financiero no tiene que mandar, que valen mas los hombres que el dinero, y que el capitalismo como lo entienden en Nueva york no nos interesa.
    Porqué no nos unimos los Europeos y decidimos que lo que vale es el trabajo y la produccion y las cotaciones en bolsa, la prima, el coste del dinero y demas invenciones?

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