Dos incidentes banales relacionados con la ropa interior de nuestros personajes han estallado como granadas, el primero en plena campaña de acoso y derribo del presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, y el segundo durante la reciente de las municipales y en la persona del líder conservador, Mariano Rajoy. En ambos casos se trató del descubrimiento periodístico de sendos ‘tomates’ en sus calcetines, que aquel dejó ver al descalzarse ritualmente en una mezquita turca y éste en una descuidada pose que adoptó en Barcelona durante los fastos del Godó, y de ambos se ha hecho una oscura mercancía crítica de la que cada cual ha tratado de extraer lo que ha querido con desigual resultado. Tratando de relativizar el deslumbrante universo de Choderlos de Laclos, decía algún crítico del erotismo dieciochesco, que pocas empresas serían tan demoledoras como la de averiguar la realidad escondida bajo la cuidada indumentaria, una sugestión que alguna vez rondó también, al parecer, por la cabeza de Valle-Inclán, pero es lo cierto que nadie se habría metido tal vez en ese berenjenal a no ser por la ocurrente fortuna de un objetivo indiscreto. Si en la ejecución de María Estuardo hubieran espiado los paparazzi como hoy lo hacen por doquier, la imagen del verdugo sorprendido con la peluca pelirroja de la real víctima en la mano habría quedado inmortalizada no sólo en la leyenda, y nada digo si alguno hubiera tenido ocasión de retratar la camisa granadina de la Reina Católica o los calzones forrados de piel que es fama que usaba su hija demente. Hoy que hasta el ejército canadiense estudia la posibilidad de contar con ropa mimética para sus huestes (no es coña) y que la propaganda publicita cierta wellsiana ropa invisible, no me parece que esté muy justificado parar el mundo en seco porque a Wolfowitz o a Rajoy le hayan descubierto en las calzas unos ‘tomates’ que unos aparatos de prensa más ágiles podrían haber explotado en línea con la ética de la sobriedad o con la estética de la renuncia.
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No es difícil ver en la explotación de esa doble anécdota una imagen cabal de la insustancialidad de la crítica y, lo que seguro que es peor aún, de la inevitabilidad del escándalo en torno a ellas. A una bien valiosa mujer de la política española trataron de crucificarla en cierta ocasión cuando uno de esos argos periodísticos descubrió con sus mil ojos que la dama subía descuidada y sin bragas una escalera propicia, cosa que no entendí en su momento, sabedor de que la mitad de los británicos sale con frecuencia de casa sin ropa bajo que la que se ve, sin contar con la demoledora estadística que poseemos sobre el sobreuso de esa indumentaria secreta en la mayoría de los países de nuestra vecindad. ¿O tiene sentido que un agujero en el calcetín ponga en la picota a un personaje mientras una condena por secuestro o una estafa con facturas falsas apenas logren conmover a la opinión más allá de un primer momento? El cineasta Arturo Ripstein, tan cercano al submundo estético de la miseria más degradada, ha dicho con un cinismo elogiable, que a él le gusta esa cercanía con sus derrotados personajes pero que jamás los invitaría a cenar con su miserable traza. ¿Ven? Eso se llama distinguir, eso es poner a un lado el personaje y a otro la persona, para bien y para mal, mientras que encarnizarse como tobilleros en los zancajos raídos de una celebridad no es sino un tic canino del que cierta prensa calcetera no acabará de distanciarse probablemente nunca. El presidente de los calceteros turcos ha terciado en el asunto Wolfowitz diciendo que tales cosas le ocurren por usar calcetines chinos y que podría haberlas evitado utilizando productos de la industria otomana. A Rajoy están han tratado de freírle sus ‘tomates’ sin darle tregua, los mismos que callan ante el precio exorbitante que algunos sastres halconeros le colocan a los maniquís de nuestra izquierda.

25 Comentarios

  1. ¿Esos sastres a que se refiere gm son los que visten, entre otros, a ZP? Sería curioso saber desde cuándo viste ZP en ese sastre. ¿Desde que llegó a Madrid o tan sólo desde que sucedió lo de Atocha?

  2. Coumna con doble fondo, para ser leída con atención. Es una broma ridícula que estén dándole vueltas a las fotitos de los talones raídos desde hace un tiempo como si no hubiera problemas mayores.

  3. No sabía, don joseantonio, que los británicos fueran tan, cómo diría, tan poco higiénicos, pero ya había motado, ya, cierta pestilencia en sus metros y buses que ellos suelen atribuir a los inmigrantes. De cauerdo con su irónica tesis: hay cosas más relevantes que un par de tomates calceteros. En la Red he comprobado que hay un aluvión de imágenes repetidas sobre el tema. Eso también es estrategia partidista, aprovechando el precedente del banquero yanqui…

  4. Temo que la ironía se nos haya escapado, colegas blogueros. Es el riesgo de la mirada superficlial en que nos ha adiestrado la sociedad audiovisual.

  5. Creo personalmente que los tomates de Wolfowitz lo salvaron del mal mayor que fue el enchufe de su novia, al final arreglado en el último minuto por un acuerdo de mínimo: tú te callas, nosotros nos olvidamos. ¿Tomates? He recibido cantidad de reproducciones de los de Rajoy –¡en USA!– la mayoría enviados por amigos peor no pocos con remite que aunque no conzoco puedo imaginar. Miserias de la vida en vísperas del golpe de muerte de ETA (me refiero, de momento, al fin de la tregua).

  6. Seguimos echando de menos a la monja prófufa, sin la que el blog no es el mismo. Haga un poder, señor gm, y pídale que vuelva. ¿No tiene contacto con ella fuera de la página? Permítame que lo dude.

  7. jefe quien era la politica sin bragas, la Esperanza? En cuanto el yeso vaya mejor volveré a dar la vara aquí, con mis colegas, pero estos se aburren mucho y tendré que chatear yo solo.

  8. Discreta columna, por lo que tiene de aviso para incautos que puedan dejarse arrastrar por las estrategias mediáticas. Pienso que nadie ha reparado en que los dos sorprendidos podrían haber alegado (ja lo sugiere en algún momento) modestia en el vestir frente a los figurines que buscan su fondo de armario enviando a la secre a por corbatas (conozco algún caso y otros peores).

  9. La indimenntaria es importante, el detalle, en cambio, no es significativo. Coincido con el jefe en que la materia tomatera de esta temporada es una campañita montada –en el caso español por puro mimetismo– aprovechando un incidente sin la menor relavancia, comparado como se hace constar en la columna con gravísimos asuntos políticos, que esos sí que son agujeros negros en cualquier historial.

  10. Al jefe lo he visto alguna vez ne la tele y es un “palmito”, así que estimo esta crítica benévola como salida del corazón. A Pangloss, en camnbio, me lo imagino dieciochesco pero desastradillo, lo mismo que imagino, sin saber bien porqué, cenizas y alguna mancha en la sotana del señoir Cura de Pueblo que nos asiste como capellán. Gracioso, jefe, me encanta cuando no se deja arrastrar por la actualidad, como la inmensa mayoría de sus coleguitas. Habalr hoy de tomates de calcetín en lugar de vomitar recordando el empalago de la entrevista de la 4, es ya gran mérito.

  11. De todas formas, se lea como se lea, lo que no se esplica es el descuido del político y de su equipo (por non hablar de su mujer, claro, a ver por qué hablar de ella). A mí me hubiera gustado escuchar hoy lo que tuviera que decir Sor Desaparecida-em-Combate, y suponga que a muchos, incluyendo al titular de la casa.

  12. Sociata, cómo te está sentando el volantazo que ha tenido que dar el Sonrisas? Yo estoy encantado con estos principios, aunque no soy tan tonto como para no comprender que la que se avecina y le debemos a él es de las de órdago

  13. En efecto, no tiene senidoo que se le haya dado más relieve mundial a esa foto que a la que se estaba cociendo. Al sr. Rascayú le diría que no es bueno ensañarse. Bastante tiene Sociata con la que tiene encima, es de suponer.

  14. Pasar esta miserable vida disfrutando de los pequeños y gratuitos goces que nos ofrece, en vez de rumiar con agonía los pesares que sin avaricia nos dispensa, no es sino gesto de sabiduría y muestra de amable generosidad.

    Me ha quitado el sitio la última frase del ilustre Marción que algo más arriba me precede, y por ello he de acudir al retruécano y a la gerundesca oratoria para expresar mi parvo colegir. Pues claro que hay hechos en todas las épocas, pero más en esta cuitada en que el destino nos ha situado, para vomitar por empalagos o zozobrar por amenazas ciertas y la forma de evitarlo no es sino recurrir a la punzante ironía y a detenerse durante toda una columna, no menos digna que en la que Dios Nuestro Señor sufrió crueles azotes, refiriendo los graciosos sucesos acaecidos a tan altos personajes que mostraban sus solanáceas de las medias calzas en público, algo que yo, que jamás usé zaragüelles ni gueguescos, no puedo valorar en su justa medida, ocasión que aprovechan los malandrines que manipulan las opiniones para que fijemos los ojos en la paja que roza el del vecino y no reparemos en la viga que atraviesa los de los referidos manipuladores.

    (Hubo quien ayer no reparó –como sí hubo quien cuadró las veintiuna- en que el anagrama de mi gracia representa a este vuestro humilde servidor Pedro del Rincón, a quien su padre putativo, un tal recaudador de tributos que respondía al arcangélico nombre de Miguel y que portaba seca la su mano por accidente acaecido en hechos de guerra naval, concibió junto a Diego Cortado en una de sus breves y pintorescas narraciones, que con el tiempo habrían de alcanzar el honroso título de ejemplares).

  15. Bienvenido el cervantino, a quien prevengo de la vieja afición de jagm por los cervantismos, como trasnieto que es del sabio Rodríguez Marín, el mayor y mejor conocedor del Quijote de todos los tiempos. Mucho hubiera holgado don Miguel, el manco, leyendo esta vrequisitoria cotra esas fruslerías para memos, como calzas deshiladas o juboncillos en precario, siendo él como fue toda su vida hombre modesto y de escasímos posibles.

  16. Ya que ha hablado de la política sin bragas, permítame preguntarle si era su amiga Rosa Díez la aludida, aunque no espero respuesta de tan silente anfitrión. Hubo otra de bragas famosa y fue la organizada cuando en una discoteca pillaron sin ellas a una moza cuyo nombre no recuerdo pero por entonces pareja de un millonario de fuste. Seguro que lo recuerda alguien.

  17. Estoy con Marción –que sea bienvenido- que habla en su primer comentario de la ridiculez del hecho.

    No puedo creer que estén ganando dinero todavía con la fotito de los calcetines –será en Internet, ¿dónde si no? ¡Con la que está cayendo en todos los frentes, y no me refiero sólo a España y que se ocupen de cosas tan banales…!

    El “Tomate” lo tenemos hasta en la sopa…

  18. Le agradezco la bienvenida, doña Atélite, incluso si ella denota que no se había percatado usted siquiera de mi larga presencia en el blog. Insignificante que es uno.

  19. Sepa vuesa Merced, mi señor Rincón, que la columna a la que ataron a nuestro Salvador diz que se halla en Roma, en la basílica de Santa Praxede (que aquella tardía latinidad depravada pronuncia esdrújula), y es obra de mármol verde veteado de no más de un metro de altura, alumbrada por luminarias que es menester sufragar para que enciendan los pabilos. La otra, ésta a la que nuestro guía y conmilitón está atado por su mala cabeza, es grande maravilla que no le haya secado la sesera luego de tantos años exprimiéndola como limoncillo de monja. Y ya que la casualidad a monjas nos ha traído la cháchara, dígole con hondísimo pesar y mucho quebranto del ánimo, que si la viera por esos mundos giróvaga y mundana como es ella, le ruegue e implore en nombre de esta alborotada parroquia que vuelva a estev redil como pródiga ilustre, que aquí ha de hallar el consuelo y homenaje que el Pródigo encontró cuando, cansado de vagar, decidió volver a la casa paterna. No le digo más por hoy, mi don Riconcillo, sino que provea bien temprano cada día, antes de prima o en todo caso de tercia, a ser posible, y nos deje en el torno el fruto de su elevada pluma. Que Dios ha de premiarle sus literaturas, como seguro que se las premiaría quién aquí nos reúne, gran remedador también de lo añejo como lo es Vuesa Merced.

  20. Pero que gustazo, la columna de hoy! Tengo la impresión de vivir en la edad de oro. Dentro de nada aparece por ahí un don Lope haciendo romances o don Francisco un soneto.

    Recuerdo el bañador de Fraga, que también fue prenda de escándalo.
    Efectivamente, tales preocupaciones dicen mucho de la idiotez de nuestra sociedad que da importancia a una cosa tan insignificante.

  21. Si alguien quiere saber quien es el sastre (caro)de ZP se lo cuento encantado. Cpnste, sin embargo, que por ese taller pasan muchas celebridades del mundo político y financiero.

  22. A ver si se mantiene la liza entre los nuevos, y este festival barroco continúa por buen camino. (¡Y a mí que ese Rincón me suena a monja como la monja me sonaba a alférez…!).

  23. De tales estupideces se puede deducir la calidad de los argumentos y de los interlocutores cuya única misión es criticar por criticar. Desde luego, comentar también que gracias a estas dos anécdotas dos empleadas del hogar (una de Rajoy y otra del presidente del Banco Mundial) seguramente habrán perdido su empleo.

  24. Si me perdona, Mr. Butzer, no sé por qué responsabliza a las criadas de lo que bien podría ser falta del propio usuario o su señora tradicional. Para el resto, de acuerdo pleno: critican lo que pillan, bueno o malo, conveniento o no, sin miramientos ni conciencia.

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