Uno de los niños del “monstruo de Amstetten” –Félix, de cinco añitos—trató al ser liberado de mirar de frente al sol y preguntó perplejo si ese irresistible destello que sus deslumbrados ojos veían por primera vez era Dios. Vean como las elucubraciones de etnólogos y similares se ven respaldadas por la experiencia en cuanto la ocasión lo propicia: Félix descubriendo por su cuenta la religión solar repite el gesto consagrado por la teoría que considera el solarismo no sólo prácticamente universal sino, incluso, el origen más que posible del sentimiento religioso. Max Müller confesaba que él mismo, de niño y hasta que fue talludito, sentía por el ‘astro rey’ una viva sensación de dependencia, ni más ni menos que como la sienten la inmensa mayoría de los pueblos y no sólo dentro de la tradición aria. Vaca sagrada a los ojos de los eslavos, manzana de oro desde la fábula letona a la mitología griega, divinidad para egipcios y babilonios o presente en las culturas orientales, cisne o pájaro, ojo de la divinidad, rueda, caballo o padre de la Luna, no hay nada en la Naturaleza que haya inspirado en el hombre primordial una idea más homogénea, la del culto solar, que a través de los misterios de Mitra acaba por informar al cristianismo –que llama a Cristo “Sol de Justicia”– y al que de casta hebrea le viene esa intuición prodigiosa que la Biblia recoge, purificada o no de su significado idolátrico, lo que le vale la enérgica condena de los profetas, el estigma del Deuteronomio y la tremenda represión del rey Josías. Nunca más a mano aquello de que nada hay nuevo bajo el Sol que ante la escena del niño martirizado redescubriendo, al cabo de los siglos, esa rancia idea surgida del temor reverencial y de una lógica deslumbrada que lo mismo surge en un sótano austriaco que entre las imágenes del Apocalipsis.

 

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 Tampoco la urdimbre de la historia del desdichado Félix y sus hermanos es novedad. Con ella se viene a la cabeza el drama de calderoniano de ‘Segismundo’ despertando inesperadamente en palacio tras su vida en la mazmorra, la de Kaspar Hauser rescatado de su misterioso encierro a una edad en la que, si es aún posible amaestrarlo en el idioma y los rudimentos de la convivencia no lo es, en modo alguno, socializarlo en profundidad. No es a ‘El Ingenuo’ volteriano a quien recuerdan estos personajes sino al ‘Calibán’ de Shakespeare, y mucho me temo que, como éste, la insociabilidad se resista, con el tiempo, a cualquier maniobra psicológica y acabe dando problemas. Unos y otros, en todo caso, nos devuelven a la reaccionaria sugestión que expresa la filosofía de que “la vida es sueño”, ese comodín contrarreformista que sigue vivo y coleando tantos siglos después, cuando ya la ideología barroca es apenas un bastión irreductible aunque influyente en medio de nuestra confusa convivencia. Como nos devuelven a la contemplación de la terrible realidad del padre omnipotente, desnaturalizado en su ambición o en sus pasiones, reflejo, en fin de cuentas, de una ideología patriarcalista que no ha variado gran cosa desde Abrahán, conservada en el formol de la costumbre o de los códigos. La tragedia urdida por ese hijo de perra no ha terminado, probablemente, con la liberación de los secuestrados en el búnker, sino que quizá comienza ahora, como el interés del guión de las obras clásicas que antes cito no empieza, en realidad, hasta que no el rescatado no se enfrenta con el orden libre y percibe, medio cegado por la luz del sol desconocido, la disfuncionalidad de una libertad y una razón jamás imaginada. “¿Es eso Dios?”, ha preguntado Félix protegiéndose los ojos con las manos. La piedad ante semejante indefensión psíquica no es suficiente acaso porque los perplejos ante el Mal, como tantas veces, somos nosotros y no las víctimas. No hay remedio ante la inmensidad del daño. Félix y sus hermanos tendrán que aviárselas irremediablemente solos en medio de la insospechada muchedumbre.

17 Comentarios

  1. Magnífico, extraordinario artículo, ¡qué profundo , clarividente y sabio! ¡Cómo me emociona su lectura! Desde luego la imagen de Sigismundo en su torre se imponía, y también la reflexión sobre la inocencia e indefensión. En casos semejantes es cuando se ve que la realidad va más allá que la ficción.
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    A Julián el apóstata (se dice así?)le tengo mucho cariño. Renegó del cristianismo para adorar al sol. El mismo tiene una personalidad solar, incandecente.Creo que de tanto acercarse al astro rey se quemó las alas.
    Recuerdos a todos.

  2. Generosa e ingenua madame Sicard, dosis diaria de sentido común en la tertulia, invocando a Juliano. Ya ja habla del mitraísmo y su influencia y eso debería ser suficiente sobre el tema. A mí la columna me parece una opinión de mucho peso fundada en una cultura grande.

  3. Lo siento, pero creo que me repito. El homo cavernarius temiendo a cada día que el dios ya no aparezca más, que continúe la tiniebla, que se eternice la oscuridad, el frío, la amenaza de los predadores nocturnos. La tormenta de la nube negra y la furia del rayo. Luego el benéfico dios que alumbra, que calienta y que hace renacer los frutos.

    Vayan a Écija o a Quiriguá, relean cualquier cosa sobre Ra o Hiperion, como lo llamaba Circe. Hay que ser muy cerrado para no alcanzar que la vida nos llega desde esa bola de fuego.

    En Austria, que no es Andalucía ni California precisamente, ese pobre Félix -qué ironía de nombre- descubre el astro rey y lo identifica con la divinidad. Una, en su ceporrez, hubiera hecho lo mismo. (No sé si lo sigo haciendo).

  4. 15:54
    Todo muy bonito, muy claro, pero ¿De dónde sacó el pobre niño el concepto de Dios?

  5. 17:47
    Posiblemente, doña Sicard, de su madre, de la tele, de la radio y hasta puede que del canalla de su padre.

    En este planeta es imposible no estar contaminado por la idea de Dios.

  6. Tenían tele, desde luego. y es obvio que al niño le habían hablado de Dios y de un cielo donde sus hermanitos aguardaban hasta que un día podría verse. La historia es excesiva, desborda nuestra capacidad de asombro, o por lo mneos, la mía, aunque veo en ella muchas sombras que no me dejan entenderla completa. ¿No les parece que faltan muchos interrogantes por cerrar?
    La columna, preciosa, no creo que haga falta repetirlo.

  7. Este hombre nuestro conoce bien la proximidad y diferencia entre mitos e historias como la smencionadas en el texto literarias o reales, a Calderón no se le ocurrió nada que no esté emparentadop con motivos bien conocidos de la mitología griega, por ejemplo, y si es cierto que ese Kaspar era hijo adulterino de Napoleón y una aristócrata bonapartista, tampoco tendría nada de nuevo encerrar de por vida o desterrar al niño. Pienso hoy en la maldad del hombre, ese Mal que tanto preocupa a jagm y que –me consta– q

  8. Este hombre nuestro conoce bien la proximidad y diferencia entre mitos e historias como la smencionadas en el texto literarias o reales, a Calderón no se le ocurrió nada que no esté emparentadop con motivos bien conocidos de la mitología griega, por ejemplo, y si es cierto que ese Kaspar era hijo adulterino de Napoleón y una aristócrata bonapartista, tampoco tendría nada de nuevo encerrar de por vida o desterrar al niño. Pienso hoy en la maldad del hombre, ese Mal que tanto preocupa a jagm y que –me consta– q

  9. Este hombre nuestro conoce bien la proximidad y diferencia entre mitos e historias como la smencionadas en el texto literarias o reales, a Calderón no se le ocurrió nada que no esté emparentadop con motivos bien conocidos de la mitología griega, por ejemplo, y si es cierto que ese Kaspar era hijo adulterino de Napoleón y una aristócrata bonapartista, tampoco tendría nada de nuevo encerrar de por vida o desterrar al niño. Pienso hoy en la maldad del hombre, ese Mal que tanto preocupa a jagm y que –me consta– que ha estudiado a fondo.

  10. Nuestra perplejidad ante el Mal: esa idea final del artículo lo redondea y a mí, al menos,. me sume en una profunda melancolía. ¿Seremos tan perversos, no tendrá solución la especie, habrá un límite para el «mono loco» o la civilizacuión no hará sino aumentar sus posibilidades de perfidia?

  11. Que vengan luego los sensibles y humantarios del buenismo y reclamen derechos a porrillo para el delincuente, sin distinción, como si fuera lo mismo el padre de familia o el ludópata que roba en su empresa o estafa a quien puede, que el infame que viola o derrama la sangre. ¿Qué ahy que hacer para que la Justucia decida separar a un sujeto de pro vida de sus amenzados semajantes?

  12. Temo que la Justicia ha sido desbordada por los tiempos, y el humanitarismo también. Verán, no es uno sea proclive a la dureza penal (todo lo contrario) pero la experiencia enseña –no lo duden ustedes– que habría que fundar un nuevo derecho penal e inventar un derecho penitenciario también nuevo para dar respuesta a las barbaridades que estamos viendo un día tras otro.

  13. Lo tuyo, no me cabe duda, hubiera sido la antropología cultural, querido, que no sabes la envidia que me da leerte –sin serlo– muxchas cosas que yo debería saber mejor que tú… Ya me entiendes. Inobjetable lo de hoy, el apoyo cultural y la razón moral. ¿Por qué no te decides a recoger ¡¡¡SIQUIERA UN LIBRO!!! con estas columnas volanderas?

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