No comparto el optimismo de los balances eclesiásticos del viaje del papa Ratzinger a los Estados Unidos. El éxito de los viajes papales sólo está garantizado ya en la Europa mediterránea y en ese Tercer Mundo donde las multitudes acuden a su llamada igual que lo hacen al camión de la Coca-Cola, es decir, entre fascinadas y ajenas, muy lejos, naturalmente, de la adhesión religiosa profunda. En el planeta secularizado la cosa varía. En los EEUU, sin ir más lejos, la feligresía decrece a ojos vista quizá porque como explica en un inquietante libro Harold Bloom, los yanquis no practican, en el fondo, más que la “religión americana”, es decir, un sistema de creencias refundado de hecho en lo que este mismo autor llama “postpragmatismo” nacional, y en el que las otras ramas/sectas se disputan a cara de perro la parroquia, pero siempre sobre la base de un Cristo asumido como norteamericano, un mesías indígena y presente en la vida hasta el punto de que ha podido decirse que el amor que le profesan allá es una moda. Es curioso: así como en hacia el Sur, de México para abajo, el avance de las sectas tiende al eclecticismo, a fórmulas sincréticas que incorporan las creencias culturales del ambiente, en esta Babilonia del norte la característica es el fundamentalismo integrista –en este momento tan imbricado en el Poder político– de tal modo que el pentacostalismo venera más al Paráclito que al propio Mesías, un baptista sureño es fácilmente identificable y el mormón y afines extreman hasta la histeria un milenarismo que no cumple ya los dos mil años. El papa ha ido a EEUU, para qué engañarnos, a pedir perdón por el lío de los curas pederastas aparte de cumplimentar el ritual neoyorkino de la oración de la Zona Cero, pero la verdad es que sus mayores aforos cabían siete o diez veces en la Plaza de Colón y eran, además, masivamente hispanos. No pasa nada. A Pablo lo apedrearon hasta dejarlo por muerto y siguió en sus trece. Me temo que Ratzinger seguirá también aunque sin bajarse del “papamóvl”.

 

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 Se ha repetido mucho la frase de Mark Twain sobre la Biblia cristiana que a mí me parece que encaja como un guante en la religión actual: el problema es que el mensaje es una farmacia cuyo contenido sigue siendo el mismo aunque la práctica cambie. Gran verdad. La honorable humillación del pontífice por los pecados ajenos podrá regenerar tal vez esa extraña realidad que ha afligido a aquella Iglesia, pero me temo que poco pueda, a mayor profundidad, esto es a la hora de competir con esa “religión americana” que, entre otras cosas, tiene apenas una vaga idea de donde está Roma y para qué hablar de la que debe de tener sobre por dónde cae Jerusalén. Aparte, por supuesto, de que no hablamos ya del modelo wojtiliano, de aquellos espectáculos de luz y color en que el papa no se cortaba a la hora de promocionar las canciones de su propio disco o de tararear unas sevillanas. Un sociólogo de la religión, con preferencia, un fenomenólogo como Berger o Luckmann, comentarían que normal, que eso es lo suyo, que ninguna otra posibilidad cabe esperar en una sociedad post-industrial en la que la resistencia íntima de lo religioso surge de la duramadre integrista, y en la que el patriotismo (incluso el ‘constitucional’ ése de que habla Häbermas) no tragaría nunca con un poder extraño y lejano, con una hegemonía ajena. En cierto modo hay que darle la razón a Bloom pensando en que la evolución de la religión americana va que se mata, aunque en circunstancias bien diferentes, hacia un plante a lo Tudor, o sea, hacia el establecimiento de un sistema religioso propio, nacionalizado, en el que Jesús de Nazaret no andaría ya por sus andurriales genuinos sino entre rascacielos y campos de béisbol, mascando chicle entre parábola y parábola. Ratzinger ha tenido un gesto de gran dignidad. Lo que no tiene sentido es ocultar que su viaje no tenía la menor posibilidad de ser un éxito.

7 Comentarios

  1. Cuando, por fin, puedo entrar, lo hago para darle la razón , ay, a mi amigo columnista: Soy amigo de de Platón pero soy más amigo de la verdad.

  2. Retrato precioso, exacto, de la realidad americana, tan compleja en este terreno, como bien sabe (y demuestra) jagm. Habrái que hablar tamb ien del “Jesús americano” y se ha hecho, alguna vez por parte del propio Bloom, al que, en su día, ya aconsejé al jefe que no leyera…

  3. No estoy de acuerdo. Lo que veo con mis ojos no suelo ponerllo en duda. Que a usted le gustara que el viaje hubiera fracasado es otra cosa.

  4. Me ha encantado el resumen, yo también había pensado lo mismo y hecho las mismas cuentas.

  5. No comprendo muy bien lo que quiere decir aquí el jefe. Que el viaje del Papa no va a cambiar gran cosa en la América actual? Naturalmente, pero si cambia a solo tres personas, si las cambia realmente, pues ya es enorme.
    Lo que no comprendo es como hubo tantísimo pederasta entre los curas. Parece como si se hubiera corrido la voz de que se podía ser pederasta inpunemente y placenteramente dentro de la secta de Jesús, en los USA y en Irlanda.Sin duda algo de eso hubo, porque sino no se explica. Y ojo, que habla una católica convencida.
    Besos a todos.

  6. 21:53
    Aparte de que el americanismo colectivo en ese país influya tanto en las religiones, la religiosidad está repartida por el mundo en razón inversa del nivel de vida siendo así que los países mas atrasados suelen ser los más religiosos.

    En cuanto al nivel de la pederastia de la iglesia católica americana entiendo que, comparado con Europa, es más estadístico que real por la sencilla razón de que las leyes que protegen a los menores en EEUU son muchísimo más estrictas, salvo para Mickel Jakson.
    Por ejemplo: en USA darle un beso a un niño o acompañarlo al lavabo sin la compañía de una tercera persona es considerado delito de pederastia.

  7. ¡Llego tarde! (Parezco el conejo del País de las Maravillas).

    YA existe el Cristo made in USA. O al menos la iglesia Usaniana o como le quieran llamar. La que abarca a pentecostales, mormones, anabaptistas, presbiterianos y otras yerbas, católicos -oscuritos, of course, pocos o nada de caucasianos- incluidos. ¿O no han visto estos días la catedral de San Patricio, embutida entre colosos de acero y cristal? La iglesia de los salmos con ritmo de blues y túnicas de colores, y palmadas, y bailongos. Naturaca.

    ¿Acaso Pablo no refundó ya un cristiqnismo a la medida de los gentiles, léase Roma? ¿Qué hizo el garañón -y matarife- de Enrique si no tomar su porción de pastel y erigirse en guinda de la iglesia anglicana? ¿Qué tiene que ver ese calvinismo que corroe a algunos, a tantos, con la fe ingenua de los nacimientos que elaboran en el altiplano del Cono Sur? ¿No han ido nunca al Rocío o al Cabezo de la Morenita de Andújar? Si eso es cristianismo, una servidora es el pato Lucas. ¿Y qué me dicen de los hermanos de la Bota, calabreses, sicilianos, con sus ofrendas de ajos y cebollas de la virilidad y la longevidad al santo pintado de purpurina?

    Sí admiro a quien mantiene su fe, quizás algo infantil, en la fría Letonia o en la laica France. Quizás sean los diez justos que impiden que caiga el fuego y el azufre sobre esta Gomorra planetaria. O al menos nueve, que mi don Páter está en esa lista. (Si alguien pensaba que iba a escribir Sodoma, pincharon, mis cuates. Tal como está el patio zerolístico… Juas, juas).

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