Hoy se reanuda el plenario de los ERE con las declaraciones de los numerosos imputados. Una foto histórica y lamentable, que ya no habrá quien borre, y un debate intrincado que ha durado años hasta dividir a la Opinión en dos bandos, el que apuesta por la absolución y el que clama por la condena, dos criterios legítimos, en última instancia, a los que, sin embargo, habría que pedir serenidad, respeto a la Justicia y un único objetivo digno: el que espera respetuosamente la sentencia. No cabe duda de que ese escándalo es demasiado vasto para ser manejado, cualquiera que sea el sentido del manejo, ni de que la gran perdedora es Andalucía. Ojalá el juicio sirva para despejar en lo posible estos graves nubarrones, sin inquinas ni paños calientes y la autonomía pueda recobrar su arrastrado prestigio.

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