Imagino que para alivio de la Junta, tranquilidad de los imputados y sosiego del fiscal-consejero de Justicia y sus compañeros de cuerpo, el aviso de la juez Alaya de que está ya en “la recta final” de su procelosa instrucción habrá caído como agua de mayo. ¿Para qué querría la juez seguir con la liturgia procesal si los imputados han hecho piña dispuestos a acogerse a su derecho al silencio? Entiendo que en cualquier país en que se apreciara la Justicia, un trabajo como esta pesquisa sobre el saqueo perpetrado en la Junta merecería un elogio si no una medalla. Aquí la instructora habrá de contentarse con un gran suspiro de alivio. Que no es poco.

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