Cuando desde la Junta de Andalucía se anunció a bombo y platillo su disposición a enrocarse en la desobediencia civil frente a la ley de Educación del Gobierno legítimo del PP, se levantaron muchas voces, justas y razonables, incluidas algunas de la Iglesia. Lo justo sería que ahora se organice una réplica adecuada a la insensata ocurrencia del arzobispo de Granada, monseñor Martínez, de predicar la desobediencia civil ante la asignatura ‘Educación para la Ciudadanía’ que, con mejor o peor fundamento, acaba de establecer este Gobierno legítimo. No sé qué pensaría el Apóstol ante esta insolente propuesta de desafío contra la autoridad legítima, pero supongo que más de uno estará pensando en que Roma haría bien adelantando ese destierro mitigado que, por razones bien distintas, parece que la será impuesto a Martínez. Eso de desobedecer a la Ley con palabras mayores, pero en boca de un arzobispo constituyen un atentado contra la prudencia más elemental.

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