Quienes reprochan a la presidenta de la Dipu sus cuentos sobre La Rábida no son consecuentes. ¡Bastante tiene ya la Presidenta con mantenerse en pie en medio del lío de su partido, con su oficina electoral aparte y su creciente bronca con los nuevos barandas, como para ocuparse de ese deterioro del histórico monumento que buenos onubenses denuncian desde hace tiempo! La Rábida ha sido maltratada siempre por la autonomía a pesar de las varias intervenciones parciales llevadas a cabo en estos decenios, pero en definitiva es una vergüenza que el gran monumento de la provincia dependa del humor de alguien que no es poco probable que no esté ya ahí siquiera tras las próximas elecciones.

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