Por más que uno no comparta ni por asomo la adhesión al lepenismo mostrada recientemente en estas mismas páginas por el amigo Sánchez Dragó, es verdad que el problema de la inmigración masiva hacia Europa inquieta a mucha gente en la medida, no sólo de una eventual competencia laboral, sino de la misma reflexión sobre la identidad. No es indiferente para una ciudad como París ver cómo le crece en la “banlieu” una población sobrevenida que va ya por la tercera generación, como no lo debería serlo para la propia UE el desembarco masivo de inmigrantes que pueden suponer una carga inasumible. Es difícil, moralmente, tomar partido en esta cuestión, por muy solidario que se quiera ser con quienes desde el llamado Tercer Mundo buscan una vida mejor en le “paraíso” desarrollado, pero no deja de ser arriesgado volcar la apuesta del todo a favor de una población con la que acaso no resista el sistema. Unos periodistas británicos, haciéndose pasar por hombres de negocios, han descubierto en Bulgaria que existe todo un tráfico de pasaportes del país provisto de los cuales, cualquiera que haya pagado los 180.000 euros que cuesta obtenerlos, podrá instalarse de pleno derecho en

un país de la Unión, incluso si sobre su persona pesa el fardo de los antecedentes penales, lo cual ya no es lo mismo ni mucho menos, aparte de que convierte a esas Administraciones –la de Malta hace lo propio,  al parecer—en aquel “café de Rick” que en Casablanca funcionó como mercado de ficción. No es tranquilizador, en ese sentido, enterarse por “The Telegraph” de la posibilidad de que  cientos de personas hayan regularizado su identidad europea por ese procedimiento.

 

El siglo XXI tiene planteado un problema de movimientos de población que poco tiene tan poco que ver con los tradicionales y previsibles que tantos países utilizaron en su momento, como con el sistema de puertas (relativamente) abiertas que permitió la población de los EEUU en un tiempo récord. Y un espíritu independiente se verá en este punto atrapado por el dilema entre limitar la libre circulación de las migraciones o condenar a la miseria a continentes enteros. Europa no debería tender siquiera a ser la nueva Grecia en la que la inmigración famélica nutriera una nueva esclavitud ni la nación insensata que propiciara un falso universalismo ajeno a la realidad social. La puerta de atrás no debería servir, en ningún caso, de falsa solución.

5 Comentarios

  1. Asunto que quema en las manos de todos, éste de la emigración, pero que ha de ser observado como uno de los grandes retos que tiene planteado Occidente. El negocio de los pasaportes falsos ha existido siempre pero en estos momentos urge que la UE averigüe esa cuestión que pone en peligro su propia estabilidad.

  2. Es en el área mediterránea donde está el problema no sólo por la proximidad de África sino también porque la política inmigratoria de los EEUU es extremadamente dura desde siempre. Aquí se monta la que se monta (y no niego que con alguna razón) la actuación de unas policías que protegen las fronteras de una verdadera invasión, mientras allá en los EE Unidos se mantiene el ominoso bastión de la frontera mexicana. Veremos que ocurre ahora en Francia si el lepenismo continúa ascendiendo.

  3. Todo esto no quita para que lo de las valla española sea un escándalo que horroriza las conciencias sensibles. De acuerdo en que una frontera no puede ser un coladero, pero les rogaría que insistan en la causa –la necesidad extrema– de la inmigración. Los que saltan la valla en Melilla no son los salvajes que atacan a la policía o destruyen la calle en cuanto tiene ocasión. Distingamos ai pretendemos ser justos.

  4. Uno de los fantasmas que amenazan el futuro es el progresivo abismo que separa a los que tienen mucho, ganan mucho, y los que bordean la pobreza. O están inmersos en ella.

    Una población indigente en aumento es el caldo de cultivo, por una parte de provocar estallido social y por la otra favorecer el auge de la ultraderecha. Quel horreur!

  5. El problema está en saber si la emigración de los parias es el único remedio a las injusticia de este mundo, porque puede ocurrir que abrir las puertas del paraíso a todos los lleve directamente a la chabola, como ya está sucediendo. Occidente tiene una gran responsabilidad en este desafío de los tiempos pero la solución no está solamente en abatir las vallas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.