Difícil se lo han puesto al andalucismo de partido las circunstancias, no a base de exigencias extremadas, sino precisamente exigiéndole que trague con lo que todos menos el padre de la criatura sostuvieron durante años que era un capotazo estatutario para salvar la embestida catalana. Si se queda fuera del consenso en el que ya anda hasta el PP, malo, pero si se baja del burro y traga, seguramente peor, sobre todo teniendo en cuenta su complicada situación actual y sus perspectivas electorales que, a pesar de ser poco tranquilizadoras, bien pudieran poner en sus manos pactos de importancia evidente. El PA que pudo ser la llave que decidiera en Andalucía se ve ahora apenas como perro al que se le vuelven pulgas hasta sus propios objetivos. Va a necesitar mucho tacto y suerte para no ser definitivamente engullido por el PSOE una vez que termine esta tragicomedia. Ha sido sino del PA llevar grandes razones y cometer enormes dislates. Equivocarse esta vez podría enterrarlo para siempre. 

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