Hace un siglo a lo que hacemos hoy los columnistas le hubieran llamado en las redacciones “gacetillas”. La columna es el vehículo del pensamiento breve, la “fast reading” del hombre postmoderno, urgido, inquieto y superficial, el canon que la sociedad medial ha ido imponiendo hasta eliminar de los periódicos aquellos “artículos” extensos que ilustraban al personal además de entrenerlos, que los “enseñaba” en lugar de limitarse a “sugerirles”. Unamuno escribió largo y tendido en los periódicos y, como Ortega, por ejemplo, o como Azorín, acabó reuniendo sus prosas urgentes en libros capitales que ahí siguen. Es verdad que siempre ha habido, junto a ese periodismo “de muleta y espada” otro de “capa”, virtuoso y figurín, en el que destacaron plumas excelentes, pero no lo es menos que hoy sería casi imposible practicar el primero y no sólo porque el lector vaya derrapando por la vida, sino porque cada día hay menos fondo en los propios autores. El periodismo ha cambiado de modelo por exigencia de un modelo educativo nuevo que ha ido aligerando el fardo de los caletres y la disposición del lector hasta no permitir más que el comentario leve, ingenioso a ser posible, ojalá que divertido. De Ortega decía la reacción de antaño que no era un filósofo “de sistema” sino uno “de periódico”, fíjense, sin percatarse de que de este género supuestamente menor surgió “El espectador”, “La rebelión de las masas” o la actualísima “España invertebrada”. Y claro, hemos ganado lectores y perdido hondura. El medio hace al mensaje, decía el mantra sesentayochista de McLuhan. A mí me parece que lo decía en este sentido.

La levedad de nuestra prosa deriva del propio instrumento, es un producto informático, que se mide por palabras o por caracteres, y ahora también, al menos en el ciberespacio, tasándoles estos. El columnismo breve es el fruto, tantas veces agraz pero siempre tentador, del árbol de la vida. Lo otro, el artículo extenso e intenso –que el otro día escuché reclamar a un oyente en la radio—está tan caducado hoy como la “cuaderna vía”. Como la Cultura, como el Pensamiento, ni más ni menos. Será verdad que el medio hace el mensaje pero también lo es que el mensaje hace al medio, que el estilo de vida condiciona si no es que determina al escritor tanto como al lector y, en consecuencia, al periódico. Llevamos todos mucha prisa. Y nosotros, los columnistas, vamos de volatineros de entreacto en este circo de la penúltima modernidad.

7 Comentarios

  1. Gran columna la de hoy, inteligente, autocrítica, espléndida. A micho colega suyo no le va a a hacer gracia, pero lleva usted toda la razón.

  2. No es justo que se autoflagele, mi querido Anfitrión. Es cierto que una mayoría -mismamemnte yo- dedica el mayor tiempo de lectura periodística a esos gacetilleros, como dice. Pero aún hay clases, mon ami. No es fácil encontrar referencias a Science, aquí sí, o comentarios a un avance en neurofisiopatologías. Aquí sí.

    Floreo la hemeroteca suya en un mes cualquiera de hace tres años. Y me encuentro una glosa aguda y un comentario chispeante acerca de una subasta de la gabardina de Boggie y de ¡unas bragas! de Marilyn. Cuando seguramenete sus colegas se repetían como ajo refrito sobre cualquier tontera política.

    No cambie. Y si hay que medir líneas o palabras, ya cocnocemos su capacidad de síntesis, que lo bueno, si breve…

  3. Muchas verdades se dicen hoy en tan corto espacio por parte del columnista, que habla del podo «fondo» que tienen sus colegas, con estudiado eufemismo. Lo cierto es que aquí escribe una patulea de garrapateadores, la inmensa mayoría para repetir lo que el día o la bnioche antes dijo otro en una tertulia, mientras que siguie habiendo la posibilidad de ilustrar al personal con temas de mayor ytrascendencia. Creo que ja es un maestro en hacer aflorar profundidades de incidencias aparentemente superficiales. Eso es lo que me gusta más de él y de su modestia.

  4. Mi primera reacción al leer la gacetilla de hoy fue la misma que la de doña Epi: que era Usted muy duro con Usted mismo y con sus compatriotas.
    No hay tanta prisa en España como en otras tierras, y no conozco a periodistas de un periodico tan popular como el suyo en esta Francia tan culta y con complejo de intelectual.
    Siga pa lante, sin complejos y con alegría.
    Muchos besos a todos.

  5. S, bueno, tal vez haya algo de autoflagelación en lo de hoy, pero no se le puede negar a josé antonio la mayor: que cada vez los escritores de periódico son menos cultos, lo cul no es su caso. Esos artículos a los que él se refiere, hoy desaparecidos, han aportado mucho a la cultura nacional y es verdad que entre las pridad y las actuales prioridades no queda situio para los saberes. ¿Alta cultura, elitismo? Bien sé que ja no pisa ese verde. Leánlo ustedes en la Revista de Occidente –la última vez en el número de Octubre– y lo comprobarán.

  6. Por lo que yo sé (lo sé desde los tiempos de «Triunfo»), el autor de esta columna nunca estuvo por la «mass cult» sino más bien por la «high cult», pero eso no quita para que su ingenio le permita lo mismo subir a los palacios que bajar a las cabañas. Yo no conozco una columna más culta en todo el país.

  7. Estas columnas son «pequeños ensayos» y eso no lo hace sino quien tiene mucho saber acumulado y ademas está al dia. Confieso que he aprendido mucho con esta sección desde hace años. ¿Se podría decir lo mismo de muchas columnas españolas?

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