Desde que la nueva presidenta de la Junta, Susana Díaz, llegó al puesto de un empujón de Griñán, anda dedicada a la construcción de su propia imagen, que ella sabe de sobra que vale más que mil palabras. Su mayor éxito, repetido este fin de semana, gira sobre el problema territorial en su versión catalana, al que ella opone, con razón, buenos aunque elementales argumentos. De Andalucía y de lo que aquí se cuece y se fríe, ya se preocupa menos, o será que catalanea para distraer la atención de problemas tan morrocotudos –los ERE, Invercaria, UGT…–  como los que la autonomía tiene en lo alto. Es muy dueña de sus tiempos, cierto, pero no podrá olvidar siempre sus competencias más directas.

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