Dijo y proclamó Griñán en su discurso de investidura que la educación sería la prioridad de su gobierno autónomo. Pero una cosa son las palabras, que se las lleva el viento, y otra muy distinta las obras. Ahí tienen la protesta de los responsables de la maltratada enseñanza media porque estamos en diciembre y los Institutos no han recibido aún el dinero para funcionar al día, la partida para el gasto corriente que tradicionalmente se les envía desde la Junta en el primer trimestre. Prometer es fácil, cumplir lo prometido, bastante menos, como demuestra ese elocuente botón de la librea presidencial. ¿No vamos a seguir a la cola de la educación si nuestros centros docentes no tienen ni para papel higiénico? Si no funciona lo prioritario, imaginemos como irá el resto.

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