Mala cosa cuando menudean las cintas grabadas a prebostes para poner en evidencia su actitud ilegal. Mala siempre, pero en especial cuando lo que demuestran es que hacen y deshacen a su antojo con el dinero público, que anteponen el capricho del señorito superior al mandato de la Ley, si es que no se lo llevan caliente para su propia casa. Cintas granadas (y en este caso “desaparecidas” de un  cajón del propio Juzgado) cuando Chaves intentó inútilmente dañar a los periodistas de El Mundo, cintas hubo, y del estilo mafioso más puro, en el “caso La Raza”, y cintas (van ya tres, de momento) las hay en el que se ha producido en la empresa de capital riesgo de la Junta Invercaria, en la que su Presidenta se pasaba por el forro de Ives Saint-Laurent la ética más elemental. Esto es ya un largometraje indecente. No quererlo reconocer es tan inútil como grosero.

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