Si en tiempos de Anguita y Marín Rite, de Aparicio y Del Valle, se mantuvo con seriedad relativa la convención de respetar al alcalde, esta generación de logreros con prisas (unos por llegar, otros porque se les acaba el partido) ha reducido al oposición municipal a una estólida estrategia de acoso al primer ciudadano. Por eso tiene pleno sentido la querella de Pedro Rodríguez contra la inconcebible acusación de Barrero de haber gastado el presupuesto llamando a un teléfono erótico, y tanto o más la que le ha caído al pobre Pepe Juan –vaya papelito el que le han dado a ese poeta en ciernes—por revelación de secretos. Y encima dice Barrero que está  muy contento por esta imputación, como si los onubenses fueran tontos e ignorantes, en un argimento retorcido que viene a decir que ser imputado es poco menos que bueno. ¡Como que le da las gracias a la jueza con ordenar la comparecencia de Pepe Juan! De verdad, lo más grave de todo es que nos tomen por idiotas esos mandarines que tampoco a los que no se les conoce mayor mérito o capacidad.

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