El urbanismo se han convertido en un negocio hasta el punto de que ni se cuestiona que, en caso de gobierno asociado, el socio se lleva esa presa de todas, todas. Pewrop quizá no hubo caso más desopilante que el del edil de La Nava, aldea onubense de 300 habitantes, que se lleva del presupuestito municipal nada menos que 30.000 euros por llevar ese negociado. 30.000 euros, es decir, cien euros por vecino y a cambio de unos servicios que cabe imaginar elementales en todos los sentidos y, en todo caso, uno de los salarios más elevados jamás  conocidos en la localidad. Se ha perdido la vergüenza enteramente, el sentido de la responsabilidad está desapareciendo de la vida pública. Lo que prospera como hierba mala es la rapìña. La política es en demasiadas ocasiones ya puro filibusterismo legalizado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.