Dale que te pego: otra vez la leyenda del bandido generoso, la reedición interminable de la saga bandolera que se remonta a los orígenes. En Roma hubo bandidos famosos, Dante libra a uno del infierno, Cervantes repintó a Roque Guinart en el ‘Quijote’, Schiller los idealizó en su juventud. Y siempre atenidos a un patrón, el del bandido generoso, que con el tiempo degenerará ideológicamente hasta fraguar en pieza clave de la rebeldía en las sociedades tradicionales. Nos equivocamos quienes hemos dicho alguna vez que el bandolerismo se extingue en la modernidad, que la industrialización se lo lleva por delante igual que arrambla con la visión sacralizada del mundo, porque lo estamos viendo reaparecer cada dos por tres en pleno universo postmoderno. La idea de que el “out sider”, el “rebelde primitivo”, que es como lo llama Hobsbawm, no es sino la respuesta espontánea de los oprimidos, ha funcionado siempre y sigue funcionando como un reloj, el chafarrinón del bandido protector seduce fatalmente hoy como en tiempos de nuestros trasabuelos. En Italia se topa fácilmente con el culto a Giuliano y en los EEUU la mafia ha logrado apropiarse del estereotipo, siempre a barlovento de un oportunismo literario en el que la prensa tiene que ver más que nadie. Demasiados periodistas que acaban mimando al delincuente, absurda propuesta de justicierismo retomada una y mil veces para convertir en ángel a la bestia. Oye uno hablar por la tele a uno de esos maleantes y parece que el orden social en pleno tendría que pedirles perdón rodilla en tierra, honrarles acaso como benefactores enemigos de la injusticia. El último, antier, el ‘Solitario’, ese malhechor reconvertido en héroe, afirmando que robar bancos más “que un delito, es un mero acto de expropiación”,  una acción revolucionaria contra el tádem explotador Estado-magnates, una “compensación” que ni siquiera es ya solidaria con el prójimo, pero que reivindica más que nunca la razón legitimadora atribuida a la venganza. Escribí una vez que con el Vivillo y Pernales se extinguía una raza inmemorial. ¡Sí, sí! Muchos años después, lo comenté un día ante el Dioni y por poco se parte de risa.
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La industria del espectáculo manda, por supuesto, y lo que vende es la paradoja del malo repintado como bueno. El ‘Solitario’, un presunto pero patente matador (dos guardias civiles, un policía municipal), delincuente precoz, fracasado escolar, tironero, agresor desde joven, presidiario luego, narco del trapicheo, maltratador de dos esposas anteriores, resultaría ser –de fiarnos de sus apologetas– un personaje sensible hasta la emoción, “dulce” (el calificativo se repite en el reportaje hasta la náusea) , impresionable en extremo, una malva, en definitiva, si olvidamos el sadismo con que disparaba sin motivo sobre la rodilla del pobre cajero cuando la recaudación no le satisfacía, por no hablar de los grandes crímenes que se le atribuyen. ¿Y qué más da? En este modelo desmoralizador, basta y sobra con la consabida novela brasilera para colmar el efecto empático del malvado sobre tanto frustradillo como anda por ahí padeciendo, a causa de la hipoteca, la tiranía bancaria, la furtiva lágrima de la novieta enganchada por Internet que se ajusta burdamente el corpiño de la prometida romántica de Juan Caballero. “Yo no he matado a nadie pero si hubiera tenido a tiro a Botín, no sé lo que hubiera pasado”. ¡Qué proclama, Dios! Hoy los cacos no caracolean ya por los cortijos encaramados en el cuatralbo, sino que leen las páginas salmón en busca de una legitimación imposible pero que le regala –¡y a precio de oro!– el oportunismo de unos medios locos por el “share”. Este truhán se presenta a sí mismo como “un insurgente contra el capitalismo” y no falta quien le pone delante un micro y una cámara para que difunda su miserable evangelio. Mucho me temo que acabará sacándole al cuento más pasta que a los atracos.

14 Comentarios

  1. ¡¡Vaya amigo!! Creía que hoy, al leer el enunciado como «La piedad peligrosa», nos hablarías de Stefan Zweig. Y lo primero que ha ocurrido, es que me ha venido a la mente imágenes de mi juventud -17 años- leyendo aquella famosa novela sobre el militar y la minusválida, que acaba en tragedia con el suicidio de ella.

    Te agradecería que algún día nos relates algo sobre ¿Qué significaron las lecturas de Zweig sobre tu visión de la realidad en aquellos años oscuros del franquismo?

    Pero claro, tú retomas aquel trabajo tuyo sobre el bandolerismo en España y nos pones al día la vigencia de tus predicciones.

    Estás en lo cierto. Nada que añadir.

  2. Interesante.La figura del bandolero generoso ha venido sólo a ilustrar el tema y mostrar como en esta sociedad, la gente anda desnortada, admirando al asesino, y como un simple ladrón, arropándose en ideologías de pacotilla, puede transformarse en…. un héroe !..Siento tener que decir que, en mi opinión, los periodistas son los máximos culpables de esta distorsión, ya que los primeros artículos que leí sobre este asunto, hacían de este hombre una figura romántica, y de este verdugo, una víctima.

  3. Comienza así el senador Marco Porcio Catón (234-149 a.C.) su tratado ‘Sobre la agricultura’: «El hacer fortuna por medio del comercio es a veces lucrativo, si esta actividad no fuera tan peligrosa, e igualmente por medio de la usura, si esto fuese honrado. Nuestros antepasados con respecto a esto pensaron así y lo fijaron en sus leyes: condenar al ladrón a pagar el doble, al usurero el cuádruple. Por este detalle podemos ver cuan peor ciudadano consideraron al usurero que al ladrón». Nuestra cultura es, evidentemente, romana.

  4. Ni un ápice de comprensión para el asesino de los disfraces, el de la muleta de cojo, el que destrozó al más puro estilo mafioso la rodilla del empleado -¿no sería el auxiliar de ventanilla en vez del cajero?- el que escupía e insultaba a sus vecinos.

    Pero el Patrón nombra el apellido de un banquero de hoy que mide sus beneficios anuales en billón y pico de pesetas. Quien es tan rico o roba, o robó su padre o robó su abuelo, o los tres. Porque una servidora pagó -cuando el gobernador del Banco de España, el que se rilaba, Umbral dicebat, la señora Porcelanosa y su esposo el integérrimo y otras prendas, tenían unas pesetejas al diez y más- una servidora pagó, decía, hipotecas al diecisiete. Ni perdono, ni olvido, como dice don Engique, y sería incapaz de poner a nadie en la mira de mi fusila, pero sí ponía a más de tres, durante un añito al menos, a fichar de ocho a tres en un trabajillo monótono, con veraneo de quinde días en Torrevieja con lo justito y tener que consultar en el cajero si hay fondos para cuando llegue el cargo del Cortinglé.

    No quiero el botín de nadie ni sueldos pizarrosos, pero sí un poquito de porfavor en este liberalismo puro y duro, con gobierno socialdemócrata, je, je, miren mi dedito enhiesto, de quien gasta en una botella y un puro –sea político o banquero- lo que muchas familias tienen que estirar para que dure treinta días.

    ¿Demagoga la Icaria? Po fale, po m’alegro. Si usted lo dice…

    (Y usted que lo diga, mi elegante don Genaro).

  5. 18:59
    Seguramente, el Maestro, quiso decir a sotavento, que es la borda del barco resguardada del viento.
    No quiero corregirlo, pero me consta que no domina el arte de marear , en la mar, aclaro.

    Esta es mi doña Icaria.
    En la parte del derecho romano que nos cuenta el profesor Chic no figura la pena que corresponde al asesino, y no nos referimos al asesino por venganza, ajuste se cuentas o celos, ni siquiera al asesino que robo a la víctima sino al que asesinó por y/o para robar. Invoco a sus señorías, Don Ropón o Don Juez.

  6. Muy oportuno, y con la verdad por delante. Por cierto, Abate, yo también he leído los bandoleros de gm ahora que los han puesto en Internet, y le recuerdo que hoy reconoce él mismo, al principio, que se equivocó en ciertoas aspectos.

  7. No sé si se equivocaría o no el joven ja en aquel trabajo –que Burgos cuenta haber encontrado en su juventud–pero he de decir que el comentario de hoy es justo, apropiado, inteligente y muy puesto en razón. Quizá podamos apreciarlo mejor quienes hemos estado cerca de esos personajes, por autodefinición inocentes todos, y nos sabemos de memoria el papel jugado por los medios en su lamentable reinterpretación.

  8. Desde que vi el reportaje (por cierto, de El Mundo/A3, ejem), echaba de menos una voz protestante. No porque se facilite voz a un tipo semejante sino porque se le deje hablar sin crítica ni corrección. Me ha encantado por esa razón encontrarlo aquí esta mañana.

  9. Después de todo, gm ha protestado ya en este sentido muchas veces, incluso cuando el manipulador ha sido alguioen con quien teníabuenas relaciones, de modo que no me sorprende que se hayapasado por el forro que EM ande por medio, aparte de que forzoso es reconocer que en esa empresa hay diversidad de criterios y abstante libertad entre sus colaboradores.

  10. El Mundo o el Inmundo, como prefieran esplota también esta basura, y si no recuerden la etapa anterior en que nos acercóal mundo de las putas americanas o los trasplantes de países pobres.

  11. No debemos olvidar que hablamos de un presunto.Incluso este señor tan suficiente y tan culto está obligado a la presunción de la inocencia.

  12. Agradecido, colega Chic, por esa oprotunísima cita, que compite con nuestro refrán común, «Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón». Oyendo los programas del señor Quintero (lo siento, ja, disculpa, pero tenía que decirlo) me ha sublevado muchas veces ese «malandrnismo» que se traduce en una moralina hampona: los que roban son los bancos, los que maltratan son los policías, quienes merecen castigo no son los delincuentes, pobres víctimas…

  13. Usted bien sabe, mi don Prof, que los bancos roban. Por lo legal, pero roban, lo cual ya es para sulfurarse doblemente. ¿Usted no ve?, sus últimas tres afirmaciones son las que manipulan los del aceite. Los que, sea el agua dura o salobre, mineral o desalada, flotan como el corcho. Se orientan como nadie para que el viento les venga de popa. Huy, se m’hascapao.

    Anoche no tuve más remedio que aguantar un ratito al Quintero. Paréntesis. Yo coincidía a mis diecinueve/veinte añitos con él en el ferrobús, que se montaba en San Juan, y él ya estaba licenciado. De la mili, quiero decir. Sumen a mis sesenta y tantos unos poquitos más y les dará la edad de ese patético con tinte y peluquín -fíjense bien cuando vuelvan a verlo- que va de adolescente ligón de playa, enviagrado por si alguna mozuela pica. Cierro paréntesis.

    (Me temo, mi don Elitróforo del alma, que el Patrón usa bien el ‘barlovento’. Es decir, el que va a proa, desafiando, je, je, el viento contrario. No corta el mar sino vuela, etecé.) (¿Conoce usted a otra Icaria? No me conteste, por favor. Ni siquiera después de la publicidad).

  14. A su clarividencia en el tratamnientod el espinoso asunto del bandido/héroe, gm añade su propiedad absoluta al utilizar la voz «barlovento» en su contexto. No le den vueltas, o dénselas si quieren, pero es absolutamente correcto. (Vid. RAE o lo que gusten).

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