Nunca me pareció de recibo la propuesta vindicativa del boicot por parte de los españoles a los productos catalanes tal como el gran Alfredo Kraus defendió una vez entre las propias islas de su Canarias, y ahora se difunde a todo pasto en Internet a causa de la insensata escalada antiespañola. En un céntrico y clásico comercio sevillano me cuenta su propietario que los viajantes catalanes no las tienen todas consigo de cara a la temporada primavera-verano y le piden su autorizada opinión sobre la posibilidad de una revancha comercial para castigar a los separatistas. ¡Ay, la “pela”! Un fantasma recorre Cataluña asustando con el rechazo navideño del cava o el los tejidos de toda la vida, lo que sería una pésima reacción por más que uno comprenda que ciertas chulerías saquen de quicio al personal. El President anterior se apellidaba Montilla y el “número 2” de CiU se llama Lucena. Boicotear a Cataluña sería como boicotearnos a nosotros mismos.

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