Lo dijeron ayer en estas páginas, el editorial, Lucía Méndez, quien firma este breve: la paz debe volver a la ciudad conmocionada, cortados a rajatabla los comprensibles pero intolerables conatos de venganza, a pesar incluso de la no muy avispada actitud de las autoridades concernidas. Mucha gente subraya el contraste ante estas emociones y la serenidad del padre de la desdichada niña, ese hombre tranquilo que remata sus intervenciones con vitola religiosa. Volver a la paz no supone olvidar ni dejar de exigir responsabilidades, pero para eso existen cauces adecuados y exclusivos de la autoridad. Por más que lo ocurrido desborde la capacidad moral de la gente, por más que el horror dispare los instintos. Huelva tiene que recuperar la calma tras esta infame tempestad. Como ese padre. Nadie tiene derecho a destacarse por encima de su ejemplar actitud.

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