¿Se imaginan ustedes un país a estrenar, una patria intacta, un paraíso encontrado, perdido en medio del mar, alejado de todo y de todos, ajeno a la lenta agonía de ‘Sapiens’, a hambrunas y a guerras, nidal jubiloso de aves de paso, rincón de breves auroras rojas y largos ocasos malvas tachonados de azur? Pues ese país existe y se llama ‘Nimark’, o pretende existir, para ser exactos, desde que un artista británico llamado Hartley lo descubrió emergiendo, como un roquedo desafiante, libre al fin de los hielos polares que el nuevo clima anda deshaciendo allá por los neverales de Noruega. Han contado las crónicas que Hartley bajó a tierra al verlo y tomó posesión del territorio, no enarbolando el estandarte como hacíamos los antiguos, sino depositando en una postmoderna lata de judías, en plan Andy Warhol,  su reivindicación bilingüe en la que funda la petición a la ONU para que conceda a su idílica hectárea el estatus de micronación en el (des)concierto de las naciones. ¿Se imaginan, insisto, el sol poniéndose tras el horizonte como un incendio náufrago, el júbilo escandaloso de los albatros y la algarabía de las gaviotas, la brisa cortando finamente el silencio cómplice del oleaje roto como un cendal sobre la playa virgen, la muchedumbre ausente resistiendo en la memoria del solitario el asalto final de la delicia, el íntimo regusto de la felicidad en el edén reencontrado? Nimark –que en noruego dignifica “tierra nueva”—se ha erigido en el confín del frío como una metáfora suprema de la antítesis de la corrupción, como una señal regeneradora para los rebeldes con causa, como un “estado” puro en el que el libro de la Ley está en blanco aguardando la letra de la Razón, el mandamiento nuevo de los regeneradores, un evangelio posible de libertad erigida sobre la renuncia que todo lo posee, sin duelos ni trampas, sin jueces ni choros, ¡sin políticos, Dios, sin políticos!, sin fiscos ni ordenanzas, roca firme y estricta en la que la plomada y el cordel no harán falta para diseñar el ortógono perfecto del hombre imposible. Si Hartley admitiera un corregente andorrano  o un súbdito sin norma en Nimark, que cuente conmigo.

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A mí me ha parecido hallar en la aventura del nuevo elíseo una severa lección para los ganapanes del nacionalismo, esos que estos días calculan en millones de euros el descalabro del ‘Tripartito’ catalán, aquellos otros que en la céltica Galicia apelan a su ascendiente vándalo, a los ilusos y fanáticos que en Vasconia han hecho de la realidad histórica un ‘bucle melancólico’ y de sus pesadillas lugareñas una ‘religión política’, sin olvidar a los pícaros del oportunismo que han descubierto a los andaluces su “realidad nacional”, en algunos casos con el socorrido procedimiento de la nariz tapada. Un peñasco como un campo de fútbol –hablo otra vez de Nimark—podría convertirse en el símbolo debelador de la falacia patriotera, izando la bandera blanca invisible entre la nieve, proponiendo la medicina del exilio y, como único viático, la hogaza candeal de la vergüenza perdida. ¡Con tal de que un día no entre a saco en ella la ONU con su estatuto inaplicable y le cambien el alfabeto de la libertad por el número lotero de sus dudosas legalidades! Un islote surgido de las aguas, témpano o piedra intactos, qué más da, un suelo nuevo para el hombre que sueña como un pájaro y despierta con las alas cortadas, para el que dormita como un pez satisfecho a la deriva de las civilizaciones, para el rinoceronte de Ionesco paciendo en las praderas de escarcha pero libre, al fin, de cazadores de cuernos y furtivos de la vida. Una patria sin patriotas, abierta al civismo genuino bajo el ábrego implacable, protegida por el arcángel aquilón hermano de la soledad. Nimark no es más que una metáfora. Pero sólo su imagen inflama devoradora esa hoguera de las vanidades donde se consume esta piel de toro abandonada definitivamente a su suerte.

10 Comentarios

  1. Precios acolumna. Lástima del foolón que hay en la web esta mañana, que no hay manbera de comunicar. El día puede dar para mucho, pero con la lectura ya hay bastante delicia, al menos para mí.

  2. Tentadora de verdad la propuesta de un país mñinimo, desierto, aislado, silencioso, libre… Lo malo es que eso ya lo tienen las gaviotas, pero comprendo la metáfora del autor.

  3. No comprendo, jagm, por qué no escribe usted siempre como hoy, por qué poseyendo esa capacidad para aunar crítica y lírica no la emplea por sistema, como le diría yo, como una voluntad de estilo. Usted tiene el suyo, bien definido, que reconcería entre cien, pero ¿no se da cuenta del relieve que esta “manera” que domina con tanta facilidda le presta a lo que quiere decir, cautivando al lector. Hablo por mí, desde luego, porque curiosamente hoy no veo que los demás participantes se animen a escirbir algo, aunque estoy seguro de que será por otros motivos. Yo soy lector viejo, además, de esos que valorarn mucho el modo en que las cosas van dichas, y de ahí mi admiraicón, casi envidiosa, cuando leo prosas como la que usted nos regala hoy. Umbral y del Pozo en etse diario también se suben a estas alturas y saben escalar bien por la cara lírica. En fin, que me he quedado sin sitio (no me gustan las parrafadas excesivas) para hablar del fondo fdel tema, esa metáfora del islote virgen al que su cansancio ciudadano (su cansancio de patriota, si no le molesta que se lo diga) se agarra como un náufrago. Le agradezco el buen rato que me a hecho pasar y los que me quedan, porque he separado el texto del periódico esta mañana para conservarlo.

  4. Leo con gusto a don ja cuando se trepa por el estilo, pero hoy me ha interesado su reflexíón porque revela, creo yo, un hartazgo de política, de este modelo de vida en general, que perspnalemnet comprendo tan bien como para compartirlo. Cuando un hombre normal y alegre echa mano, aunque sólo sea como metáfora, de una isla breve y desierta como patria de adopción es porque va muy desesperado o, cuando menos, para el caso, es que está hasta la coronilla de demasiadas cosas que la sociedad ve como normales y él acaba percibiendo como inevitables. La de hoy ha sido una preciosa lección, una de esas que todos los profes, como él dice, acaban dando cualuqier mañana de primavera, reclinados en la silla y con la mirada perdida por la ventana, mientras el aula se agita, por descontado que sí, y bulle igual qyue todos los días… Muchas veces he pensado yo en esas islas, no quiero engañar a nadie ya que me asomo a un balcón (o a un púlpito). Que le comprendo, don ja, en defintiva y ruego por usted y tantos como usted que le co nfieso que no entiendo cómo aguantan tanto, día tras día.

  5. Seguro que han visto la publicidad. En la isla del Fraile, un peñote allá por Águilas, donde Paco Rabal presumía tanto de haber nacido cuando ya fue viejo. Hay prevista una urbanización elitista, aunque creo que anuncian nada menos que mil viviendas. Claro, con tanto rico como hay suelto…

    No sé si las viviendas van en la isla o frente a ella. Si fuera el primer caso, ya tendríamos el prototipo de lo que busca nuestra sociedad: un lugar seguro, -me la imagino con gorilas que patrullan para que no se acerquen los parias-, aislado, nunca mejor dicho, donde no veas por el exterior de tu finquita a un moro con alfombras al hombro o a un negrata con los bolsillos llenos de dvd’s piratas.

    O sea, cada vez más grande la brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, nada más que su rabia. Pues qué bien.

  6. ( apliqué su consejo, Sr. Griyo, con doble seguridad)
    Me sumo a Justo Romanillos y al resto en general. Hoy JAGM ha escrito para dos orejas. Eso de la Patria sin patriotas es un desafio para los que gusten de filosofar.
    Espero que siga.

  7. Me temo doña Epilisa que no son esos los fantasmas de que huye don josian, y estoy segurísima de que los gorilas de esa isla con él sueña protegerían a los refugiados de otras amenazas (los vendedores negros o los moritos “Paisa, mucho baratu” no son peligrosos, al menos en una playa) y de otras canallerías. A uested misma, y a mí, nos veo e imagino saludándonos por la orilla al atradecer, en ese aterdecer rojo y azur que ha sugerido la columna. Qué bonita, no diga que no, doña, no sea destructiva, que se le ve le pico de la enagua sentimental demasiado para que se las de de dura. ¡Ya nos vamos coniociendo, Epi amiga! Tanto como para que yo me la imegine esta misma mañana, tal vez antier por la tarde, posiblemente paseando por alguna playa, fugitiva de las masas y las impertinencias, incluyendo a moritos y negrazos.

  8. A mí también me ha llamado la atención la caligrafía de hoy y ese lirismo que delata muchas veces en jagm –digo yo– cierta vocación poética. De fondo, en efecto, doña Luisa Lotaria y demás, es un desafío para quienes gusten de filosofías y, añado yo, también para cualquiera que tenga una mínima sensibilidad. Hay muchas columnas en este blog que transparentan algo así como el desengaño, no sé, quizá la desesperación a la vista de lo que nos rodea, miseria y más miseria, cobardías, latrocinios, frustraciones. Yo entiendo que es más cómodo y sencillo leer que escribir. Por eso me pongo al lado de nuestro “poeta” particular.

  9. Evidentemente no empozoñaba mi dardo ningún curare para el dilecto Anfi, los dioses me lo castigaran.

    Decía más bien, lo aclaro ahora, que es un sueño para muchos, Icaria, Icaria, pero que solo pueden permitírselo -a su manera- unos pocos.

    Y sí. Sí doy cada mañana mi paseo por la orilla de la mar de Ulises, a hora soliatria, y me saludo con algún morito amigo, a veces una simple sonrisa, y con la maitresa del chino adonde voy casi todas las semanas a por unas tarrinas que me duran un par de días.

    Puesta a soñar, evoquemos un largo y hasta silencioso paseo, unos al lado de otros, los blogeros de JA, por una playa interminable mientras se va poniendo el sol despacio.

  10. Paso porque al patrón nos euipare jueces con choros, y me rondo a la persuasión de un estilo difícil de resistir. Parece que hemos visto ese peñasco surgiendo del mar helado, los cielos teñidos, el barullo de los pájaros marinos, el robinson ése con su lata de tomates tomando posesión de la NUeva Tierra. No se tomen a broma lo de la petición a la ONU, en definitiva. Recuerden le lío de esa plataforma petrolífera abandonada en la que alguien ha logrado establecer una estafeta y una especie de país fiscal.

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