Siguen lloviendo las críticas a la ocurrencia de la candidata a la alcaldía de la capital, Manuela Parralo, esposa del principal arquitecto del “régimen”, de prometer, para el improbable caso de que termine investida como alcaldesa, un vuelco en el proyecto del Ensanche, que ella “rescatará” de manos privadas para encomendarlo al pueblo soberano y, ay, ¡a los profesionales del colegio de Arquitectos!, es decir a la cofradía de su marido. La patita por debajo de la puerta asoma antes de que cante un gallo, como se ve, tal vez porque Parralo encarna mejor que nadie en Huelva ese sueño político de controlar el urbanismo tanto a nivel político como a nivel técnico. Recuerde el alma dormida lo que los principales manijeros del PSOE dijeron, a la llegada del Superalcalde, sobre lo que ellos llamaban injuriosamente “la banda de los cuatro” y comprenderá enseguida que la irrupción de Parralo con el casco en medio de la obra urbana, por mucho que se respete su integridad, resulta de lo menos tranquilizador.

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