En Valencia se está celebrando un congreso para dilucidar qué está ocurriendo en la tragedia de los malos tratos, qué podría hacerse en su remedio y hasta qué punto debe considerarse fracasada la normativa vigente en la materia, en especial, la famosa ley que fue, en su día, el parto de los montes. Es lo menos que puede hacer la sociedad ante la evidencia de que el problema se le ha ido de las manos a las autoridades y que aquí, aparte de aguardar junto al teléfono la denuncia de un nuevo atropello, poco se puede hacer y menos se está haciendo. Es cierto que puede que en el fondo de esa barbarie latan ideas ancestrales, materiales psíquicos fósiles pero de uso corriente, entre ellos la colección de prejuicios machorros que no dejan de sospechar que tras la ola de parricidios que estamos viviendo subyace algún género de culpa por parte de las víctimas. Lo prueba que antier mismo otro juez –a medio minuto mental, sólo que con estos graves años encima, de aquel otro que disculpó una agresión porque la agredida llevaba minifalda– ha absuelto a un marido maltratador que durante años torturó a su pareja, según parece, de palabra y obra, con el argumento triste y desconcertante de que no es imaginable ese calvario tratándose de una universitaria a la que se le supone caletre sobrado para sacudírselo de encima. Echen cuentas, en cualquier caso, y comprobarán que la frecuencia de mujeres asesinadas constituye un hecho previsible y consolidado sobre el que para nada ha incidido la cacareada ley de protección que iba a salvar a las hembras de estos bestias primitivos. Conforme con el PP en que esa ley vigente no ha servido para maldita la cosa, pero no puedo compartir su comentario de que las medidas del actual Gobierno resultan insuficientes porque tampoco el anterior, es decir, el suyo, adoptó las precisas y adecuadas. No se le puede hacer peor servicio a esta causa sangrante que politizarla, mejor dicho, partidizarla, y eso es justamente lo que viene haciendo nuestro providente Congreso desde que tuvo a bien hacerse cargo del problema.
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Conviene repetir que esta calamidad no es española sino europea, incluso que las cifras de la tragedia española son menores que las que afligen a los cultos y civilizados países de por ahí arriba, incluidos algunos escandinavos. También, que el desafío de los parricidas expresa, sobre todo, su íntimo sentido de la impunidad, el convencimiento de que, con el actual sistema penal y penitenciario, esos crímenes abyectos salen “baratos” a los bárbaros que en unos pocos años –como hace semanas decía uno de ellos en público– andarán campando de sus respetos mientras sus mujeres crían malvas. Sí, ya sé, este argumento no es sino un insolente ‘reflejo de orden’ propio de espíritus reaccionarios, como el mío, sin ir más lejos. Pues vale, pero ahí tienen sus Señorías los datos, una mujer avasallada cada tres o cuatro días, cruentos modos de matar, indiferencia de los asesinos, incluso cierta tibieza de la sociedad frente a ese tipo de situaciones temibles que han llegado a ser habituales. No tengo ni idea de que nuevas pueden discutir los sabios en ese congreso valenciano ni en qué medidas piensa un Gobierno fracasado de plano contra este desafío ante el que no ha sido capaz ni de articular un sistema de control mínimamente fiable de los maltratadores. Claro que esta vez el fracaso no es exclusivo del Gobierno sino participado por la insolvencia parlamentaria y un trabajo judicial que, entre otras cosas, no acepta –con razón– una ley absurdamente discriminatoria. Y por la sociedad, por este pueblo mansueto que traga lo que le vayan echando, hasta aceptar que le maten sus mujeres a tan módico precio penal. Como uno no es penalista debe andarse con pies de plomo en este tremedal pero anoten la sugerencia de la cadena perpetua para el parricida como remedio no ensayado. De haberse establecido a tiempo, muchas de las ausentes quizá pudieran leer ahora estas líneas y hasta darme la razón.

4 Comentarios

  1. Un par de cosas que tal vez quedaron fuera del énter del Jefe.

    Una: La señora profesora de instituto soportaba a un rufián que a su vez era profe universitario. Prenda, el tío. Que el maltrato fue fundamentalmente psicológico. Y que el cucaracha togado debe tener alguien por encima que le haga escribir cien mil una veces: Despabila, Favila, que te come el oso. Y que luego se lo coma.

    Dos: Nuestro C. Penal peca de excesivo buen rollito desde hace la tira. Desde la Pepa, como mínimo ‘…buenos y benéficos…’ Mirusté, a tiempos nuevos, leyes actualizadas. Al maromo que manda a la parienta al hoyo, bollo duro hasta que se le enfríe el propio paladar. La indemnización millonaria hay que traducirla a embargo permanente. Y de verdad. Aunque sea del subsidio de paro. Que cuando se vaya a llevar una gambita a la boca, se la quiten de la mano. Que para comer caliente tenga que ir a las monjitas. Debo yo ser también una espíritu reaccionaria.

    Tres: Volvemos a donde mismo. Quien no es educado ni bajo mínimos, cómo va a ser educado en la carretera, en el estadio, en el currelo, ni muchísimo menos de puertas del hogar para dentro. ¿No tiene guasa que a una peliculita -o cyberjueguito- con tiros a granel, explosiones, asesinatos, violencia desmesurada y por ahí tó seguío, se le llame de acción, apta desde los siete años y para ver a dos o tres personas -o las que sean- montándose un jueguecito de saliva y jugos de entrepierna se la etiquete de mayores de 18? Yankilandia pura colonizadora. Matar indios o amarillos es guay, manosear un traserillo o succionar una tetita clama al cielo. ¿No te cohabita?

  2. Pero ¿qué pasa con el personal? No estiendo. ¿Están por algún acaso toditos de vacaciones?

    Respecto al problema en España creo que es más grave que en los otros países occidentales, sin poder jurarlo. Cosas así te vuelven reaccionario,si no te lo has vuelto ya. Hay veces que la ley del talión no estaría mal. Besos a mi sorella preferida.

  3. 23:43
    El problema es de educación, de cultura y hasta de herencia, pero principalmente, yo creo, que va parejo a la independencia creciente de la mujer.
    Me gustaría saber los porcentajes de víctimas que tienen independencia económica. También hay que tener en cuenta la dificultad que tiene la Ley para prevenir un delito en el que un buen porcentaje se autoaplica la pena máxima.
    De todas formas yo también creo que la cadena perpetua auténtica sería bastante disuasoria

  4. LES ENVIO UN CORDIAL SALUDO SUJIRIENDOLES LO SIGUIENTE TIENEN Q TENER MAS INFORMACION ASERCA DE ESE PERSONOJE LO Q ME PROPORCIONAN NO ES SUFICIENTE
    DE ANTE MANO
    MUCHAS GRACIAS
    ATEE: MARIANO ELIZAGA
    ADIOS

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