Otra vez un imán que predica (presuntamente) el castigo a la mujer por parte del marido. Como aquel de Fuengirola, ahora es el de Tarrasa el que, al parecer, según las grabaciones de los Mossos, aconsejaba a sus parroquianos negando la igualdad de la mujer y hasta cuestionando el derecho a la integridad física y moral de las hembras. ¡Cuidado con hacerlas sangrar a causa de los castigos, ojo con partirles algún hueso! No hace falta mientras se sepa manejar el buen bastón que haya en casa o al macho no le falten puños y saber boxístico. Lo que es un escándalo es el desarrollo de los derechos de la mujer en Occidente, a ver a dónde vamos a llegar por este insensato camino. ¿No dice la aleya 38 de la sura 4 del Corán que “Los hombres son superiores a las mujeres porque Dios les ha otorgado la preeminencia sobre ellas, y porque las dotan con sus bienes”? ¿Acaso no continúa la revelación en ese mismo lugar diciendo que “Los maridos que sufran desobediencia de sus esposas pueden castigarlas, dejarlas solas en el lecho y hasta golpearlas”? Pues eso es lo que repite el imán, como si continuáramos en el siglo VII, sólo que en el XXI y no en el desierto primordial sino en el ámbito civilizado que ha consolidado ya irreversiblemente la igualdad entre los sexos y consagrado los derechos después de tan largo proceso. En mi opinión, el debate con este tipo de fanáticos ha de resultar siempre inútil porque semejante brecha en el tiempo no será salvable hágase por más que se pretenda ceder ante unas exigencias culturales radicalmente opuestas a los principios civilizados, como sería inútil tratar de imponer hoy muchas prescripciones veterotestamentarias, conservadas como reliquias pero obviamente obsoletas. El Occidente cristiano por origen y cultura ha acertado históricamente al adaptarse, siquiera relativamente, a los nuevos tiempos y a sus exigencias. Es el universo mental islámico el que permanece anclado en su suelo medieval y eso resulta incompatible con cualquier perspectiva humanista que merezca tal nombre. Yo al imán de Tarrasa, más que aplicarle la ley, lo enviaría de regreso a su país y santas pascuas.

En Francia, donde la polémica sobre la emigración centra el debate electoral, acaban de negarle el voto a los inmigrantes ante el temor de que una eventual mayoría suya pudiera acabar imponiendo en el país sus tabúes alimentarios o sus costumbres sociales. Y es que Culturas hay muchas y diversas pero Civilización no hay más que una, y en ésa sería demencial consentir el regreso al pretérito imperfecto. El imán debe entender que aquí no hay más sura que valga que la Ley vigente. Y si no lo entiende, para eso está la Justicia.

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