Rosa Aguilar y Luis Carlos Rejón le han ganado la partida a Diego Valderas y los suyos que pretendían hacer y deshacer a discreción en el único Ayuntamiento capitalino que posee la coalición IU en España. Menos mal, porque, a estas alturas, esas exhibiciones de “centralismo democrático” son puro anacronismo y, encima, a la vista está, no tienen tras de sí, como antaño, la fuerza precisa para imponerse. Claro que la propia pretensión de teledirigir el Ayuntamiento ya resulta ridícula por sí misma porque, hay que insistir en ello, nadie en sus cabales podría creer que si IU conserva la alcaldía cordobesa es gracias a las estrategias partidistas y no al mérito directo, personal, de sus gestores. En IU hay demasiados reflejos fósiles superpuestos a los modos nuevos forzados por las circunstancias y, sobre todo, por el “cobrador del frac”. Valderas mismo es un fósil político, aunque no está solo en esa geología. Si alguien pretende seguir disponiendo de una “izquierda radical” ya se puede ir buscando otra papeleta. 

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