No sé cómo hemos podido sobrevivir estos últimos dos mil años sin tener ni idea de esa inoportuna prima que pone el pelo de punta aún sin vérselo a ella, sin sospechar siquiera que nuestra fortuna o ruina dependían de esa jerga con la que, en tan poco tiempo, nos hemos familiarizado, qué coños era un bono basura, qué se quiere decir con eso tan inquietante de riesgo-país, sin enterarnos de que, lo mismo que los hay buenos, hay también bancos malos y hasta “sistémicos”, como existen unas amenazantes agencias de “rating” más poderosas que los Gobiernos legítimos, en qué consistirán las comprometidas subastas de dinero y qué vendrán a ser, en fin, los colchones financieros. ¿Qué vendrá a ocultarse tras esas siglas de moda, el FROB, el ESM, la FEEB, el MEDE o el BCE, y qué querrá significar, pronunciado en estos tiempos del cólera, ese supremo oxímoron que es la “deuda soberana”? Decididamente, existe una economía real, fáctica, casi tangible, para explicar cuyos misterios los mistagogos que se hacen pasar por ecónomos no pueden hacer otra cosa que reforzar su jerga y amenazar con ella, como si blandieran una hoz afilada, a las preocupadas cabezas de pobres y ricos e, incluso a los Estados. Ya me dirán ustedes, si es que pueden, a qué quedarse si viene un tío informado y nos espeta que, “aunque el valor nominal de la deuda se incremente, la sostenibilidad de la misma puede mejorar”, concepto frente al que al lego no le queda otra que agarrase como pueda la cartera y echar mano del ansiolítico para pasar el trance. La crisis está descubriéndonos lo que la jerga oculta, a saber, que esos secretos mercados funcionan con sus leyes propias y, en segundo término, que ese código secreto del Mercado favorece sin remedio a los que tienen más y jode a quienes menos poseen, mientras se forran, de paso, los poderes en la sombra. Esto que está ocurriendo, más que una crisis, es un galimatías que permite supeditar la realidad a un imaginario discurso apto sólo para iniciados.

Hemos vivido durante un largo periodo de bonanza que los visionarios ingenuos preveían como una era de crecimiento sin fin –la “new age”, como “paraíso feliz de los tiempos finales”—sin percatarnos de que también aquella jerga amable se erguía sobre el pantano de incertidumbre que es siempre la economía, y lo malo es que ahora no disponemos de ningún lord Keynes explicándole a los raros de Bloomsbury las paradojas de la volatilidad y el papel determinante de las voluntades tanto a las duras como a las maduras. Sin él saldremos, créanme, de esta sima profunda para olvidar poco a poco la jerga que hoy nos aflige aunque ni siquiera la comprendamos.

12 Comentarios

  1. La lengua informa, la jerga encubre. Nos hablan jargas para que no descubramos su ignorancia. Algo así decía Casanova de los médicos venecianos.

  2. Le ha faltado decir que encima esos terminuchos con muchas veces contradictorio o polivalentes. La frase que ofres la columna entrecomillada es una buena pureba de ello.

  3. Un exabrupto no alivia nada. La crítica de la jerga económica la hemos practivado muchas veces algunos economistas. Aparte de que el sñor gm no suela hablar sin informarse antes. Para el cabreo, agua, mister Afectado.

  4. Muy de acuerdo con que los economistas andan sobre la cuerda floja. Pocos entre ellos han superado la prueba de la Historia y, por lo dnereal, se limitan a improvisar una interpretación de los datos económicos. De otra forma serían millonarios todos ellos con solo jugar en la bolsa, suele decirse…

  5. Lo aprendí en la Facultad: la ciencia económiva tira a voleo y el éxito depende de la personalidad. Aunque creo que ha habido excepcuioes: Ricardo, Marx, Keynes. El resto…, tararí que te vi.

  6. Yo no sé qué pensará nuestro Ecónomo, pero asumo la columna de la cruz a la raya. Los epistemólogos tendrían mucho que decir sobre la cómunmente llamada Ciencia de la Economía. Y yo tambien, por supuesto.

  7. Ver la crisis como galimatías, denunciar la vacuidad de la jerga económica o la parcialidad de los mercados. Muchas cosas para tan poco espacio.Es uno de los valores de estos microensayos diarios de nuestro anfitrión.

  8. lo que no se entiende es que los paises sigan produciendo, la gente trabajando,los productos vendiendose y que de la noche a la mañana el pais se despierte arruinado… La unica riqueza es lo que se produce.Si nos arremangamos las mangas y trabajamos las cosas se arreglaran, con o sin los economistas;
    Desde luego a esos yo esde luego no los entiendo.Tampoco creo que pierdo gran cosa.
    Un beso a todos.

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