Cuando pasen unos años es posible que la sociedad haya cambiado tanto que cueste reconocer su perfil milenario. Sobre todo en el terreno de la pareja humana, la institución fáctica y legal sobre la que los rayos de la postmodernidad achicharran el sentido común con mayor energía. Hace unas décadas, fracasados los efímeros ensayos ácratas de las uniones libres, todavía no se reconocía ni admitía socialmente más unión que la heterosexual y monogámica, es decir, la formada por el hombre y la mujer “para tener hijos”, como decían los códigos, e incluso se daba la aberración jurídica –auténtica reliquia medieval– de que el matrimonio canónico producía efectos civiles. Pero cuando hemos querido darnos cuenta, esa institución inmemorial se ha visto privada de su hegemonía y en su lugar andan proliferando nuevos modelos de la unión humana a los que, de momento, no se les ve el final. Hemos vivido siglos en la convicción de que el progreso humano consistía, en esta materia, en respetar aquel modelo único reservando su consagración al Estado y, en su defecto, al Poder cualquiera que fuera su forma, pero en muy pocos años estamos viendo que en el mundo el personal puede casarse de muy distintas maneras y bajo autoridades de toda laya. Casa en plan masivo la secta Moon, consagran los raelianos y ahora, por lo visto, también, en pleno centro de Madrid, algún que otro ‘ministro’ del “rito Elvis” que proclama solemne la unión estable de parejas y tríos con una frase psicodélica: “Que lo que el ‘rock and roll’ ha unido no lo separe ni Dios”. Los profetas de la secularización jamás habrían podido soñar semejante desenlace.

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Es posible que el fracaso de esta revolución ritual estribe en la trivialización del matrimonio y, en consecuencia, de la familia humana, tal como uno y otra han sido concebidos desde siempre en Occidente, consideración que para nada concierne al derecho de las personas a vivir si vida como quieran y con quien deseen, pero que pone un acento trascendental sobre los riesgos que implica tomar por banales las instituciones básicas en que se funda la convivencia. Entre otras cosas porque, del mismo modo que en nada y menos se han afirmado a estos efectos las reivindicaciones de la igualdad entre los sexos, en cualquier momento podemos ver y escuchar a los elvisianos reclamar su reconocimiento y equiparación en base a su bibianesco derecho a la igualdad. De momento el ‘reverendo’ Tolki, cuarentón y madrileño, anda uniendo a quien se lo pide en su discoteca “con permiso de la Iglesia de Oregón”. Mañana sólo Dios sabe cómo será la coyunda y quién administrará el sacramento incivil en esta sociedad en almoneda.

16 Comentarios

  1. Las columnas del domingo, del lunes y del martes de antología. Me gustan porque me obligan a una reflexión cotidiana; esta bien eso de tener que ahondar un tema por día. Algunas veces me apetecería ahondar mucho más pero también esto tiene sus reglas.

    Viniendo al tema de hoy, quizas a la Iglesia le venga bien todo estas absurdidades , y el matrimonio legal y/o católico vuelva a valorarse. Hay alumnos en mis clases que empiezan a poner émfasis en el hecho que sus padres están legalmente casados.
    Besos a todos.

  2. La cuesti´´on tiene un lado jocoso, claro, pero una gravedad de fondo que está bien sugerida en la columna. La banalización de las instituciones es el camino más corto hacia el crak social. En pcoos años vamos a enterarnos del lío que supone este batiburrillo zapaterial de “matrimonios” a gogó.

  3. Uno nunca sabe si estas cosas son bromas o, en algún graod, producen efectos. Es un absurdo, sea como fuere, permitir esta descomposició progresiva de las instituciones básicas que durante siglos han ordenado la vida social. A ese “ministro” elvisiano habría que ponerlo a trabajar como a tanta gente que vive de estos cuentos. Después de todo, no es más descabellado lo suyo que varias reivindicaciones admitidas hoy y protegias desde el Poder.

  4. La garantía que debe gozar una institución como el matrimonio es incompatible con este cachondeo, lo mismo si las cosas se plantean desde al “agravio comparativo” de los sexos que si se toma a chacota el caso. Una sociedad no puede salir ilesa de acosos morales como el de esas sectas que se han fijado en sus instituciones más sensibles. Y lo malo es que desde el Poder se apoyan otras reivindicaciones que no sñe si calficar de sectas o de lobbies, como los que ustedes saben.

  5. Profunda reflexión y triste broma. Esa fórmula rockera es un insulto a la integligencia y a la civilización. En la medida en que nunca se puede afirmar que estas trapisondas no produzcan efectos, resulta indignante. Temo que en España vamos a rastras de un torbellino sin meta.

  6. El mercado de las chorradas necesita renovarse a diario y a veces la imaginación se agota: ¿para cuándo se ofertará el “matrimonio” con una mascota, o mejor, con la Harley Davidson?

  7. No hace ni dos días que leí que se deshacen tres de cada cuatro parejas, aquí en la Pieldetoro, hayan matrimoniado por lo civil o por lo militar. Ya se van incluyendo las parejas homo. Curioso: unos ya viejos amigos que formaron una cuando habían de mantenerla muy en secreto, simulando que eran dos compañeros de trabajo que compartían piso, me advirtieron que si firmaban cualquier papel casi seguro que ponían en peligro su estabilidad de tantos años. Hoy son casi dos ancianos que siguen bien avenidos, con las broncas y roces típicos de cualquier pareja, y que probablemente han testamentado uno ya a favor del otro.

    En esta época de banalización universal, el casarse se ha convertido como tantas otras cosas, en ser reinas por un día, en vivir un cuento como los que ponen en la televisora a diario. Infórmense del carajal -mucha viruta moviéndose, mucho listillo viviendo del cuento- que rodea a los puñados de arroz. Ropa de novios, de madrinos y padrinas, de asistentes, de superbanquetes, de regalos, de pisos puestos en minimalista o rococó, de viajes al Caribe o cruceros megahorteras. Más sal que sustancia. Feria de Jerez. Rumbo y elegancia de una raza vieja, que gasta diez duros en vino y almejas vendiendo una cosa que no vale tres.

    ¿Se van a extrañar luego de niños desvalidos, armas arrojadizas de sus padres, hogares desestructurados, ejemplos de vida ultraberrantes que llevan a los preadolescentes a violar en manada o a despreciar, escupir o conculcar cualquier norma de siglos?

  8. Entiendo que ese tirar por los suelos la familia tradicional (que homo o hetero o monoparental debería tener la misma estrucrtura y fuunciones) está provocando el deterioro de las conductas dependientes. La delincuencia adolescentes y juvenil hace horrores porque viene de un seno impropio, corrpmpido por modas y tópicos, debilitado por la crisis de la autoridad imprescindible. Moonianos, raelistas o davisianos no están solos en esta gran maniobra histórica de destrucción. Un día podremos moirar atrás para ver las consecuencias de estas caprichosas e inviables novedades.

  9. por favor midan sus palabras, porque pueden lastimar a muchas personas CASADAS les guste o no por el rito que han elegido, para eso tenemos una democracia.

  10. La modernidad se llevó la argamasa social de las viejas tradiciones y la dejadez postmoderna está dando la puntilla sin encontrar un digno recambio. A mí me recuerda cuando de niño en el campo levantaba una gran piedra para ver lo que había debajo y me encontraba con una multitud de criaturas intentaba buscar un nuevo cobijo a la desesperada. Mas allá de lo rocambolesco y penoso del panorama, el problema es que nos han quitado la red y creo que les importa un pito que nos demos el tortazo. En nuestra mediterránea Spain eso se está sintiendo a una velocidad de vértigo.
    (Creo que este blog se caractariza por el respeto a los demás, D. Afectado, lo que no quita para decir libremente lo que pensamos y tener nuestro justo derecho a la pataleta. Saludos.)

  11. Toda la razón, Anfi, lleva toda la razón, aunque tienen que reconoc er que el numerito del “ministro” de Elvis es fantástico. Nosotras creemos que se trata de una de esas bromas tontas (“echar unas risas”, dicen en Madrid) pero sin descartar del todo que haya imbéciles que acaben apuntándose en serio. Cuando el propio Gobierno estimula la degradación de lo fundamenbtal, ya me dirán que se puede esperar de la gente de a pie. Tontos hay y ha habido siempre, pero cuando a los tontos se les pone en la mano un mazo, la cosa varía y se vuelve más grave.

  12. En USA quizá este proceso choca con la dureza de raigambre puritana de la sociedad, pero en la Europa postmoderna (miren el espectáculo de Holanda) todo indica que estamos ante un proceso imparable de degradación, por muy paradójco que resulte el término aplicado a quienes mnuestran tanto empeño por “elevar” su relaciín a “matrimonio” conceptualmente imposible: el viejo complejo de Calígula.

  13. La estandarización del modelo USA cada vez se está infiltrando mas agrestemente en nuestra sociedad , y acabará denostándola a un segundo puesto en todos los ámbitos que implica la ciudadanía postergándola al pasado.

  14. La pre-señora Griyo me negó el derecho a disentir de la fórmula habitual y hube de casarme como Dios manda.

    Nuestros hijos decidieron ir por libres sin plegarse a ritos ancestrales ni posmodernos, han formado familias normales, nos han hecho abuelos y las parejas que formaron son, hasta ahora, perfectamente estables.

  15. Bueno, el propósito de formar una pareja estable es lo más ancestral que hay, don Griyo, independientemente del festejo que lo acompañe y los testigos que se pongan delante.

    Sdos.

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