A lo mejor soy un ingenuo irremediable, pero cada vez que escucho a un sabio hablar de “la otra vida”, esto es, de la hipotética vida que podría existir –no sabemos cómo ni por qué– en otros planetas acogedores, tengo la sensación de que lo que de verdad es irremediable es la tentación, realmente prometeica, de imaginar esa existencia simétrica que hay que convenir que debe más a la ciencia-ficción que la académica. No soy quien para dar crédito a la versión de un psiquiatra amigo que me asegura haber conocido en un congreso del gremio a un colega paranoico que perdió el oremus embolismado con la teoría de los agujeros de gusano y la hipótesis –antigua, ciertamente– de que por esos atajos descubriremos algún día una serie infinita de mundos paralelos en la que, llevada la ilusión al extremo, quién sabe si habríamos de encontrar duplicados o multiplicados sin fin nuestro propio yo en un abismo capaz, como un juego de espejos, de anular la singularidad. Es peligroso este terreno, no me cabe duda, porque en él advierto ante todo la más absoluta arbitrariedad lo mismo si quien habla es el gran Clarke o el fascinante Stapleton, que si el teórico es un sabio convencional y, en consecuencia, atenido, al menos en principio, a los rigores de una hermenéutica poco propicia a la imaginación. Estos días leo en varios periódicos, por ejemplo, unas declaraciones de Stephen Hawking quien compara al cosmonauta actual con el almirante Colón y la aventura más que calculada de aquella hazaña española, con la odisea del espacio que alguna vez él mismo se entretuvo en desacreditar como un sueño imposible basándose en un simple cálculo de distancias siderales. Según Hawking habría tres respuesta a esta vieja pregunta, una, la que afirma la singularidad excepcional de la vida terrestre, otra, la de que pudiera haber por esos mundos alguna forma de inteligencia viva y, en fin, una tercera, que sólo contemplaría la posibilidad de que lo que acabarámos hallando en nuestra búsqueda no fuera sino un modo incipiente de existencia, una vida elemental y primitiva, por supuesto mucho menos problemática de imaginar que la consciente y reflexiva. Ustedes me perdonarán pero me pregunto por qué ciertos sabios no emplearán su precioso tiempo en comecocos más útiles.

                                                              xxxxx

 “Hay otros mundos pero están en éste”, terció un día Paul Éluard con la clarividencia del poeta, pero igual que este hallazgo ha confirmado a mucha gente en un escepticismo radical respecto a la vida exterior, hay que recordar que durante siglos se especuló y no poco con el pasaje de Juan donde su Jesús presuntamente gnóstico asegura que no todas sus ovejas eran de este redil. En “La edad de la Razón” decía Sartre algo que nos turbaba mucho antaño, aquello de que la materia de la vida era el porvenir de la misma manera que los cuerpos están hechos con el vacío, y aquello otro de que nuestra vida podía ser considerada, en fin de cuentas, como un simple episodio que turba pasajera e inútilmente la beatitud y el reposo de la Nada. Son ideas vagabundas, rastros reflexivos, que se nos vienen a la mente cuando oímos a un sabio decir magníficas pamplinas siempre inferiores a las imaginadas por los poetas. Suelo decir que uno de los versos más profundos del siglo pasado lo escribió Einstein cuando aseguró que “el universo es finito, curvo e ilimitado”, metáfora prodigiosa en la que la matemática se ve desbordada por la fantasía, cautivándonos con su desconcertante exactitud. Pero ¿por qué se entretendrá gente como Hawking en especular sobre la posibilidad de otras vidas ajenas a la única que nos ha sido dado conocer? Cualquiera sabe, aunque a lo mejor de lo que se trata es de que la paradoja es el nombre que los tontos y los sabios dan a la verdad. En Berkeley andan empeñados en lograr que un millón de terrícolas se asocien para buscar al alienígena. Tendría gracia que cada cual acabe encontrándolo dentro de sí mismo.

4 Comentarios

  1. Hay otras vidas más baratas, diría una servidora parodiando al cínico, pero esas no merecen llamarse vidas. Y ahora en serio –todo lo serio que puede esperarse de esta vieja loca- por qué no va a haber hidrógeno y oxígeno a millones de año luz como diámetro. Por qué no va a haber nitrógeno y se van a dar las condiciones suficientes de luz, presión, temperatura, etecé y en un momento dado va a surgir la primera proteína, el primer prión, el primer y más elemental genoma. De ahí al mono loco se llega en tres patás. O incluso a otro menos chalao.

    Endeluego que somos los más ombligueros del universo universal. Somos una cataclísmicamente insignificante parte de un todo infinito y nos creemos los reyes del mambo. Mi don Stephen Hawking, capricornio en estado puro como yo misma, cumplió el año pasado la edad de la jubilación y ahí sigue con sus preguntas inquietante. Las respuestas ya son lo de menos. Ni cenamos, ni se muere padre, que diría el difunto Campmany.

    (Qué horitas…)

  2. 07:37 (28/04)
    “me pregunto por qué ciertos sabios no emplearán su precioso tiempo en comecocos más útiles.”
    Sencilla respuesta, Maestro, porque entonces no venderían tantos libros.

  3. 07:42
    Sobre el trilema de Hawking yo, con toda la autoridad que me otorga mi ignorancia temeraria, me pronuncio con rotundidad por la segunda sin que las inmensas distancias siderales y la casi absoluta imposibilidad de coincidencia temporal dejen la más mínima posibilidad de que demos con alguna de ellas o viceversa.

    Y si, rozando la utopía, alguien se encuentra dentro de sí con un alienígena el amigo psiquiatra de ja creo que no dudará en explicarnos que en cada millón de habitantes hay muchos miles de esquizofrénicos.

  4. Caray, pero qué simple e ilusa me siento. Pués a mi me encanta el tema, me pica la curiosodad, y se me encienden los ojos cuando me pongo a pensar que sí, que porqué tendríamos que ser los únicos, con lo facilón que le debe resultar al Criador hacer seres, y lo guasón que resulta.
    Pues eso de comparar a los sputniks, cohetes y demás naves espaciales con las tres carabelas, lo hago siempre, con mis alumnos porque para mi es la misma epopeya, la búsqueda del otro, de lo otro, la aventura total, la pérdida de las costas y mar adentro.
    Una que es muy, muy ilusa e imaginativa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.