Tengo entendido que ha sido espectacular la actual campaña de venta en el sector de los videojuegos. Hay colas y listas de espera para conseguir las novedades y no dejan de escucharse las alarmas a propósito esa afición verdaderamente adictiva que el manejo lúdico de la realidad virtual produce entre la gente más joven, pero también se oyen (yo se lo he oído a Vicente Verdú) alegatos a favor de un uso constructivo de esos ingenios que ni más ni menos que sustituyen la realidad por su sobra informática. De un video juego lanzado por el Programa de Alimentos de la ONU, el “Foof Force”, se han bajado en tiempo récord dos millones de copias y de otro llamado “Darfur is Dying”, en el que los “jugadores” han de ayudar a sobrevivir a un ·”personaje” aislado en medio de aquel terrible conflicto hasta conseguir que sobreviva, se han hecho 750.000 copias. Lejos quedan los tiempos del entretenimiento interactivo en que las criaturas se entretenían en cuidar a ‘Tamagotchi’, alienígena con necesidades de bebé,  “garabato de vida electrónica”, según se ha dicho, que lograba el milagro de la socialización del papel paterno y la asunción por parte de la basca de ese rol integrador, que poco tiene en común con el rol demiúrgico que el diseño reciente asigna a unos participantes que se integran literalmente en la realidad fingida dentro de la que actúan, no ya como padres providentes, sino como un auténtico “Deus ex machina”, creando personajes y lugares, presidiendo el trajín de una vida imaginaria en la que incluso se ha respetado el libre albedrío de las criaturas ficticias. Un juego como “Sims”, del que andan por ahí seis millones de copias, permite al jugador introducirse libremente en la irrealidad en términos que han hecho decir al profesor D.A. Norman que, de hecho, lo artificial deja de distinguirse de lo propiamente real y que el videojuego viene a ser ya algo similar a la vida. No me digan que no es para tentarse la ropa.
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Junto al libro de Norman leo estos días (hay que olvidar como sea, compréndalo) el mosaico de paradojas filosóficas que ha publicado Pietro Emanuele acogido desde el título a la preciosa disquisición kantiana sobre los cien táleros con que el maestro abrió la veda contra la ingenuidad metafísica de san Anselmo, y en él hallo la discreta  apostilla de Marx en la que alerta sobre el hecho interesante de que la ilusión puede tener para el sujeto el valor del hecho real mismo, un aviso cuyo alcance no será menester subrayar. ¿Hasta dónde resultará inocuo que esos millones de jóvenes se ejerciten en la confusión, ejerciendo de dioses en un mundo imaginario prodigiosamente emancipado de su propio estatuto existencial? La experiencia que proporciona un juego interactivo en un mundo simulado podrá ser aprovechada, si se quiere, en la buena dirección, pero es de lo más probable que el propio ejercicio demiúrgico (los usuarios llaman a los ‘Sims’, significativamente, “el juego de Dios”) constituya un inquietante riesgo psíquico, quién sabe si capaz de trastornar sin remedio la perceptiva de quienes se exponen a él. No es lo mismo, desde luego, tener cien táleros en la faltriquera que poseer sólo la ilusión de que se poseen, pero Marx lleva razón en que no resulta fácil en la práctica que el sujeto ilusionado mantenga el imprescindible distanciamiento que le permita distinguir la trampa de la irrealidad. “Conviértete en soberano del mundo”, le ofrece hoy la propaganda a la incauta clientela. No estoy seguro de que la “vida simulada” no acabe emancipándose y desborde finalmente la consola para instalarse superpuesta sobre las ruinas mentales de la existencia real. Dios se entretiene hoy en su leonera, persiguiendo piratas por el Caribe, tal vez conectado “on line” con dioses lejanos que no conoce y con los que comparte ilusoriamente la fuerza del destino. Marx llevaba más razón que Kant en este punto, pero cuando nos convenzamos de ellos tal vez resulte ya demasiado tarde.

26 Comentarios

  1. Tras la archisabida experiencia de los juegos violentos, sexistas y antiéticos, sólo cabe esperar de ministras, ministrillos o similares –comprobada la dejación de funciones de tantos padres comodones- que sean en su difusión, distribución y venta tan rigurosos al menos como en la venta de alcohol, tabaco y macrohamburguesas. ¡Ja!.

    Por desgracia, el desequilibrio entre juegos perniciosos y creativos (¿?) podrá seguir aumentando, pero difícilmente se va a inclinar la balanza a favor de los que aporten un mínimo positivo.

    Mi doña Rigalt ya explicaba el otro día –e Incitatus en elconfidencial.com, que no es spam, lo juro- las bondades del Güí. Que si raquetazos de pádel, que si correr por la cinta. Lo dudo. Papá y mamá sucumbirán a la tiranía del cagón de 6 años –a las niñas parece que le va menos el rollo, aunque no faltarán jueguitos de cambiar pañales y poner la lavadora- y comprarán esa beibisíster barata con los juegos que el pequeño tirano ordene, para que en las horas en que su dulce retoño no está estabulado en aulas y actividades extraescolares, no porculice mientras ven su culebrón o su partidito en la LCD.

    Mi don Elitróforo, corasón, no me envidie. Los niveles de escepticismo y hasta nihilismo de que una servidora ‘disfruta’ no son un regalo del cielo. Lo juro por … ya sabe, el amigo de Charlie.

  2. Me ha gustado mucho la columna de hoy, don Jose Antonio, una preciosidad.

    Yo no sé, siempre estoy en la duda. Siempre estoy viendo los pros y los contras. Por un lado estoy plenamente consciente de que lo mismo pasa con la novela…que en su día suscitó el mismo rechazo por parte de padres de familias muy concienzados: la lectura de novelas era, cuanto menos, una pérdida de tiempo y cuanto más, debilitante y perversa.(Para las hembras, totalmente prohibida: pod¡a dar “ideas”: ver Emma Bovary)
    Cuando las cosas van mal me escabullo con Fabricio, con Cortadillo, o con Natacha. Es una especie de consuelo, como apunta con humor don Josean más arriba, pero también es un refugio, casi un desquite, y confieso que a veces me cuesta lo suyo dejar esos mundos exaltantes para resolver problemas tan triviales y desagradables como pasar la aspiradora, pagar el teléfono, hacer las cuentas o fregar la vajilla. Tengo un hijo que vive 23 horas al día en un mundo totalmente interior: para las cosas prácticas hay que pillarle en buena hora pero es un chico estupendo. Lo malo es que a veces aterriza muy brutalmente, porque la realidad se impone sin contemplaciones. Pero bien pensado, prefiero los que pecan de soñadores a los que se pasan de listos.
    De forma que, si se es optimista, se puede pensar
    que con los juegos vídeos pasará como con las novelas: cada uno irá al juego que le guste y sacará de él lo que más le plazca: los soñadores seguirán soñando y los realistas medrando.

    Pero todos podemos ver que no es lo mismo leer que ver una peli, jugar que leer.¿Es más esfuerzo leer que jugar? NO sé, no lo creo. Es más espectacular, porque se ve, no solo se imagina.
    Quizás en eso resida la gran diferencia.Quizás aleje un grado más la realidad, y cree individuos insolidarios, asociales a mogollón.
    Por otro lado, con nuestro espacio de libertad mermándose continuamente ¿no puede ser el resquicio de libertad necesario al equilibrio humano, el nuevo campo de libertad, el único que no te pueden quitar ni en chirona?

  3. 12:43
    Sí, doña Marta. Recuerde que Papillon era más libre en su celda de aislamiento que muchas personas de hoy presas de sus miserias cotidianas.

  4. Muy optimista veo a doña Marta ante ese comecocos que, irremediablemente, ya lo veremos, arruinará muchas cabezas. No es lo mismo leer que jugar, ciertamente, y no lo es porque entre el esfuerzo y el entretenimiento lúdio hay gran distancia. Aparte, está claro que todo o casi todo es “socializador”, como dicen los sociólogos, es decir que cumple la función “integradora” que la sociedad necesita metiendo a los retoños en vereda desde pequeñitos, ecada cual con sus roles simulados, sean muñequitas o sean escopetas.

  5. Me gusta el rollo palmarate, colegas, me encanta ver las vueltas que le dais a cualquier cosa. Nosotros jugamos porque mola, ya está, y ahora hablen lo que quieran hablar ustedes, y no leemos o sí leemos por lo mismo. Ustedes se comen el coco más que nosotros.

  6. Preciosa disquisicón sobre la irrealidad, sobre el contencioso ontológico que hoy está alcanzando niveles tremendos. Estupendo el hallazgo de que el papel d elos “usuarios” de videojuegos de este tipo es “el papel de Dios”, otrora atribuidi –querida doña Sicard– precisamente al novelista que lo suplantaba o incluso al lector que decidía tras la lectura. Nos es fácil traer a una columna de peiódico a Kant en su polémica con Anselmo o a Marx echando por tierra a ambos. El jefe lo ahce con una habilidad que es maestría. Le envidio.

  7. Muy atinadas observaciones, las de ja y las de los blogueros. Esta afición conduce al autismo en muchos casos y es importante lanzar el sos ante ese peligro que corre la nueva generación. Don ja no parece convencido por Verdú. Yo tampoco.

  8. Aquí nen USA se le da mucha cancha al tema que, por cierto, doña Marta Sicard, no es baladí. Recuerde aquel berzotas malvado que arrancó a un pobre hombre la tráquea por seguir un juego de rol, recuerde al malvadín de la katana que degolló a toda su familia y ya anda por ahí con su novieta, recuerde… O mejor no recuerde porque tendrá que revolver la casa a toda prisa para esconderle a ese buen hijo tan soñador (y que Dios se lo conserve) la consola de marras.

  9. Nuestros niños no juegan a esos juegos. Y ustedes nos critican por educarlos en la Ley santa. Piénsenlo.
    Un musulmán español.

  10. Sus hijos, don Moro, no juegan como los nuestros, pero ustedes los envían a la intifada como carne de cañón. Dios los perdone.

  11. El tema de la columna es admirable, el tratamiento también. La recorto para llevarlo a clase y se lo envío a Saint Germain para que haga lo propio en su París.

  12. El sr. gz. marin, tan importante, gana tanto dinero que no tiene bastante con esta realidad y postula otra. Eso es lo que he deducido de su artículo de hoy, cómo no, empeñado en llevar la contraria a todos.

  13. Despreciable Bosta: no merece la pena contestarle. Si lo hago es para avisar a mis coblogueros que no se den por aludidos como amigos de jagm, alguien que no se ha distinguido por su oprotunismo económico, precisamente, pero cuyo éxito profesional explicaría sobradamente que ganara mucho dinero. ¡Se ve que no se perdona el éxito! Esatso miserebles se merecn cualquier cosa y es lógico que esté que echan las muelas tras los últimos acontecimientos.

  14. Eeeehhhh! Edhen el freno, amigos blogueros, no se dejen arrastrar pòr provocaciones tan simplonas como la de ese Bosta que, en efecto, hace honor a su peudónimo: caca de la vaca. Lo que dice gm hoy es de premio, ese premio que nunca le darán por si empeño en quietarse de enmedio de Madrid y vivir “en provinciassssss”. Un magífico artículo, un tema difícil, un sabio comentario. Qué se puede esparar de una bosta…

  15. Me parece que poca gente de por aquí se ha sentado un ratito con la PSP. Doña Epi que presume de no tener hijos sí parece que sabe de qué van la mayoría de los juegos. Hasta hace poco yo controlaba los de mis dos varones,14 y 11 años. Ahora con los mantas es casi imposible. Son horrorosos.

  16. No se crea usted porque en mi casa el problema es mi padre que nos quita la consola. La cilumna habla de unos juegos concretos que son los clásicos, por ahí hay otros más violentos y peligrosos. Yo no me había dado cuenta de lo del “papel de Dios” pero recordando mis primeras experiencias, a principios de Bachill.. comprendo que está muy bien definido así.

  17. En los juzgados se va sabiendo ya algo de esta realidad absorbente que hipnotiza a los jóvenes y es probable, sí, que les haga perder lo que jagm llama la perceptiva hasta confundirlos. No hay que simplificar, sólo observar lo que ocurre, lo que hay en el mercado, para comprender que está ocurriendo algo bastante peligroso alrededor de nuestros hijos, de nuestros nietos.

  18. Conforme con los temerosos, coincidentes con no pocos expertos que vienen denunciando el riesgo alto de esa novedad desde hace tiempo. Nada ganamos cerrando los ojos al hecho de que esos juegos obsesionan y distorsionan el sentido de la realidad, cosa que ocurre por primera vez en la historia de la educación/socialización juvenil. El tiempo será el encargado de poner a cada cual en su sitio aunque mucho me temo que para entonces sea tarde para muchos inocentes.

  19. La psicología es terminante en este punto, al menos por lo que yo sé. El riesgo de desorientación y de aislamiento autista que provoca precisamente ese estar “en el lugar de Dios” tiene sus efectos nocivos. Lo que me extraña es la benevolencia con que hoy se han manifestado muchos prudentes de esta tertulia, no sé si porque nos e han asomado bastante a la pantallita o porque, al final, tendemos siempre a ceder ante los jóvenes.

  20. A mí lo que me gusta son las muñecas inflables. Que tienen que decir de esa afición, queridos palmeras?

  21. ¡¡¡E, oigan, no le hagan caso a este majara, que está fumao! Uno tiene su prestigio entre los profes y demás que hay en esta página, y no quiere perderlo, comprendanme porfa.

  22. Curioso. Los ‘zumbaos’, ‘piraos’, ‘troncos’ y otra fauna que a veces pululan por el blog, dan la impresión de que son unos carrozones del cincuenta que adoptan la jerguilla de los chavales para soltar su cagadita. Ahí tienen a ese ‘tronco’ que me precede hablando de mucñecas hinchables. Eso pertenece al medioevo, pana. Hoy cualquier chaval que medio tenga un poquito de labia y un culito y una tabletilla de chocolate encima del ombligo moja con una pibita en cuanto lleven un rato de frotamiento, bien en el amotillo, en el banco de la plazoleta o al tercer trago de kalimotxo.

    En cuanto a los jueguitos. Pues tras de mí han surgido -osti, ¿a que voy a resultar con dotes de lídera?- quienes hablan con cierto conocimiento de causa. Motos que vuelan, edificios que explosionan, coches como cohetes, impactos de misil… todo eso forma parte del imaginario de nuestros chavales en cuanto adquieren el control de esfínteres. Luego una mayoría desconecta -parcialemtne al menos, pues hay treintañeros muy enganchados a la pley- y entre el curro y el olisqueo bajo las minifaldas se van haciendo mayorcitos.

    Pero guay de los que entran y ya no salen de ese mundo semivirtual que les ha empapado las neuronas y ahí los tienen loqueando con motos cada vez mayores o ensordecidos por la música del buga, con lo que fácilmente se empotran en un árbol o se comen una dirección prohibida. A lo que les ayuda sobremanera el puntito al que se aficionan, desde el empastillao al loquito por la coca.

    ¿Y nos asustábamos ayer por el cambio climático? Es mucho más terrible la borrasca que inunda todo el tiempo las cabezas de muchos jóvenes. Y jóvenas, of course. No a todos el tiempo les cura la dulce enfermedad de la juventud, sobre todo si están permanentemente con el virus de los videojuegos barrenándoles las sinapsis.

  23. Doña Epi ,ayer se pasaba usted de confiada y hoy nos hace un panorama terrorífico….Pero ¡qué gusto leerla!

    Todo lo que usted y los demás blogueros cuentan es verdad, existe, pero no son todos los jóvenes así,y quizás con o sin play-station algunos habrían terminado igual,medio autistas, locos de atar,completamente desconectados de la realidad.Lo malo no son los juegos es colgados de ellos, no salir de ellos, y también la falta de reflexión, de distanciación.

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