La otra mitad

Gran exhibición la que ayer hizo la “muchedumbre silenciosa” de Cataluña apoyada por el inmenso coro español. Su rotunda presencia deshizo la falacia del país ocupado en busca de su independencia, pero evidenciando la realidad de un pueblo partido en dos mitades enfrentadas como los gañanes del cuadro goyesco. La sociedad ha dado una lección soberana a sus instituciones y éstas no deben olvidar esa irrefutable imagen ni desoír el doble mantra que atronó la calle: el “¡viva España!-¡visca Catalunya!” y el “Puigdemont a prisión”. Todo será más fácil desde ahora para el Estado aunque, sin duda, queden unas peligrosas manos pendientes en la partida de la tramposa timba secesionista. Se acabó, pues, la fábula y ahora hay que rematarla con una moraleja. Tan feliz como permita la circunstancia, tan implacable como merezca la sedición.

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