Ha pasado sin hacer gran ruido (exceptuaría un brillante artículo de Gabriel Albiac) el aniversario de la “noche de los cristales rotos” y, curiosamente, también el de de la caída del Muro berlinés. La Historia corre que se las pela, sin perjuicio de que, de vez en cuando, el azar le meta un palo entre los radios y deba frenar en seco para mirar atrás con obligado horror. El ‘Bild’ alemán acaba de contarnos la historia de un estupendo hallazgo casual, ocurrido en el vaciado de un apartamento de Berlín, concretamente el hallazgo de unos documentos originales conteniendo los detallados planes de lo que sería el “campo de prisioneros” de Auschwitz, en los que no falta ni la firma de Himmler, y que demostrarían, sin dejar el menor resquicio a la duda, que desde el principio (los documentos son de 1941, es decir, un año antes de la reunión de Wanasse en que se decidió la “solución final”) el designio del nazismo no era otro que el genocidio sistemático de los judíos. ¿Pruebas? Pues los planos –insisto, minuciosos—del famoso campo en el que aparece ubicada y nominada la fatídica “Gaskammer”, previsto el acceso directo de los trenes al lugar del martirio, el depósito provisional de cadáveres y hasta el crematorio en el que habrían de desaparecer con el tiempo un millón de víctimas inocentes. Se mezclan en mi memoria las sugestiones de libro de Merle, “La muerte es mi oficio”, la figura siniestra de Rudolf Hoees, el comandante del matadero, con las propias que ví alguna vez en Buchenwald, donde los “niños del pijama a rayas” casi lindaban con los de los oficiales nazis y los de los civiles de Weimar que iban de excursión los domingos a ver el jaulario de rapaces instalado a la entrada, la visión de Mal que ha evocado, como les digo, Albiac tras las huellas de Primo Levi o Hannah Arendt. Unos papeles viejos olvidados en un apartamento vacío: la Historia, oficial o no, tropieza a menudo con estos imprevistos.

                                                                 xxxxx

Los alemanes, en todo caso, no quieren mirar hacia atrás sino seguir su camino, convencidos de que, en fin de cuentas, todos los pueblos tienen su página pasada o por pasar. Francia, por ejemplo, anda estos mismos días enredando con la memoria de la Gran Guerra –la primera, la que cantaba Georges Brassens—en torno al proyecto de rehabilitar a los 600 fusilados sumariamente en Verdún, cuyo proyectado examen “caso a caso” ha sido considerado inviable por los expertos, y para el que se propone una ley “de rehabilitación colectiva” como la que en su día hiciera el gobierno de Tony Blair o un espíritu de concordia nacional como el propuesto por Jospin durante su mandato. Con el paso cambiado, nosotros (en fin, otros) trajinan también en España abriendo fosas y recuperando esqueletos después de treinta años de silencio consecuente con la Transición, en el  que hay que adjudicar al anterior Gobierno del PSOE el discreto mérito de favorecer no el olvido forzado, sino la inevitable y necesaria reconciliación. De otra forma, y sean cuales fueren los argumentos maniqueos que se utilicen, sería obligado también desenterrar a todas las víctimas, a las “otras víctimas”, hasta orquestar un inimaginable coro zombi en el que resonara el bordón unánime de las paces reales entre las eternas dos Españas, hoy nuevamente fogueadas por la balacera partidista. Los franceses cerraron aprisa y corriendo la encuesta sobre los colaboracionistas con Vichy en cuanto advirtieron que, más que una paz nueva, lo que traía consigo ese invento era una vieja guerra, así como los italianos se conformaron con el precipitado ajuste de cuentas que permitió la histeria liberadora. Nosotros hemos esperado treinta años en dudoso silencio para acabar pìdiendo “media memoria” no a los historiadores sino a los frondistas. Hay que tener redaños para decir estas cosas sin malevolencia ni complejos. Aunque sólo sea porque el Mal nos concierne a todos pero a ninguno en especial.

7 Comentarios

  1. Otra sobre memoria y perdón. Parece que no le oyen y que el odio cunde.
    Peor será dentro de poco, con los tiempos que se avecinan.
    Besos a todos.

  2. Mis fines de semana en el limbo no me han impedido ver un rato -me dormí- a Santiago Carrillo, ¿les suena’, el sábado enmerdando una postura que tal vez fue encomiable hasta hace unos años. Hablaba de su copain Ceaucescu, con el que veraneaba de gorra, gorrón, como si se tratara de un personaje anónimo, su pareja en el dominó por ejemplo, olvidando lo que hizo en los tiempos en que ambos se llevaban a partir un piñón. Quizás uno de los pocos personajes aún con lucidez (?) que vivieron aquella época ha ido -la vejez, la soledad y andar cortito de tabaco es malo- arrimándose al perol donde sabe que le van a dar gachas hasta el último suspiro.

    Más admirable encuentro la postrua de unos pocos falangistas, también nonagenarios, que han dado el paso al frente y han dicho más o menos ‘sí, yo fui; yo estuve allí y han pasado setenta años’. Se habla tanto de la media memoria porque si se recuperara la memoria al setenta por ciento por lo menos, iban a salir apellidos muy progres -hoy- embarrados en aquella sucia mierda incivil, y no por la parte de los abuelitos republicanos ciertamente.

    ¿Es que no queda en la nueva derecha -la que da dinerito a los banqueros- un poco de cordura para tirarle del pico de la chaqueta a los zapateros lenguarones o a los pepiños garbanceros? Aunque la derecha de siempre también parece torpe en este tema, a remolque de los abretumbas o en posturas cerriles, cuando lo razonable, miren qué bien lo dice el Anfitrión, es recordar las tres pés de Azaña y añadirle no la ‘o’ del ‘olvido’, sino la ‘r’ de la reconciliación en cuyo nombre muchas corrimos el respetuoso velo de la transición.

    Qué pena y qué orfandad para los que fas o por nefas aún nos consideramos -románticamente- de izquierda. La derecha tradicional, la que vergonzantemente se autoproclama de centro, pocas veces estuvo tan desaliñada y correlindes; la nueva derecha -en la que difícilmente se adivina un levísmo toque rosa, con olor a asamblea de facultad- es una colección de arribistas y de aceiteros flotadores y en el cajón de buhonero de los partidillos nacionalistas lo más frecuente es que sustituyan la ‘c’ por ‘z’ en su segunda sílaba, a la vista de los fundamentalismos e intrasigencias, de las imposiciones y las exclusiones en que se prodigan.

    ¿Dónde dice usted que se echan los papeles para hacerse apátrida?

    Besos a todos. (Uno muy respetuoso con deseos de mejoría para mi don Páter).

  3. La verdad es que en estos tiempos en que los españoles tenemos la posibilidad de informarnos por muchos medios y formas: Hemos elegido un presidente como el que tenemos. Hemos consentido que se cometa el mayor atentado conocido en España. Sin preguntarnos quien ha sido ni porque. Hemos visto al presidente, a todo el gobierno y a la oposición preocupados porque el resto del mundo civilizado no contaban con él para nada. Al fin todos orgullosos de que le han dejado una silla, que no sabremos lo que costará a España, ni tampoco sabremos para que sirve a nadie su asistencia.
    Lo que si sabemos es que se está fomentando el odio entre los españoles. Los políticos, sindicalistas y funcionarios sin oposición son liberados del trabajo, que solo se dedican a servir a su partido.
    No es necesario preocuparse, porque todo lo que sigue será mucho peor. Sobre todo para los que no tenemos mas remedio que seguir en España.

  4. Acabo de leer los com entarios de Sir John H. Elliot, el masetro de hispanistas, pronunciándose contra los que jagm llama los “fosores” y pidiendo que se deje la tarea de aclarar la Historia a los historiadores. Como esta columna sugiere, por ahí fuera lo tienen más claro que nosotros, o quizá es que haya menos desaprensivos dispuestos a todo por la nómina.

  5. Más contundente, amigo Prof, las de Stanley Payne, también de esta semana, donde dice claramente que los “fosores” no buscan la Historia sino abrir heridas. Yo añadiría –y él seguro que lo sabe– que también tratar de aislar al PP como presunto “heredero” de una dictadura en la que sirvieron los padres de muchos dirigentes de esta izquierda de pacotillla.

  6. La Memoria tiene que ver con la Historia lo que tiene que ver con la Química o las Matemáticas, porque cómo entiende Sir Elliot (hoy se me ha escapado pero espero que mañana no) la historia es fruto de la investigación, del entendimiento y la interpretación de los hechos, y no un mero recuerdo del pasado como desde la manipulación algunos quieren hacer creer. La memoria pertenece al mundo del afectado, al único que de verdad le pertenece, y en ese mundo de ofendidos y ofensores el drama no entiende de colores.
    Si nos cuesta olvidar nimiedades no digo ya construir una ¿necesaria? reconciliación. Para eso hacen falta líderes de verdad, y no los busquen: no los hay.
    Magnífica columna. (¡qué tarde!)

  7. El tiempo todo lo olvida, en la mayoria de los casos, aquí seguimos obcicados en abrir viejos capitulos de nuestra historia pasada, y a que nos conduce todo esto? a elevar mas los gastos en funcionarios por ende los gastos de todos y entrar mas rapidamente en la desaceleracion economica. Un saludo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.