Soplan aires de fronda en la opinión andaluza, vientos racheados que reclaman respeto al administrado por parte del Poder, empezando por el lenguaje. Nunca se ha hablado más de la sintaxis en el ámbito crítico, jamás se había reparado de este modo en el estilo y sus consecuencias. El preámbulo del nuevo Estatuto, aparte de la ocurrencia beocia de la “realidad nacional”, circula en fotocopias con divertidos subrayados y comentarios, como si fueran chistes del difunto Gandía, y hasta hay profesor que lo comenta en clase para ilustrar a la ‘basca’ sobre cómo no se debe escribir en castellano o español. Pero uno cree que esa ganga sinctáctica y esa basura léxica suponen ni más ni menos que la suficiencia del “régimen”, el desparpajo de una situación política que no tiene ya necesidad de respetar a los súbditos. Cuando un escriba dice en el BOJA que una subvención es una “experience museum”, sencillamente nos está tomando el pelo. Pero si añade que se trata de crear “un espacio que será capaz de trasmitir y envolver los contenidos de conocimientos y museísticos (sic) en una manta sensorial y emocional” pueden apostar a que se está cachondeando del contribuyente. Chaves no tiene quien le escriba. Él dirá que con que le voten tiene de sobra.

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